Thursday, October 11, 2007

Fecha importante


Hoy (11 de octubre) es el cumpleaños de la persona que me inició en el mundo de los blogs.

Emma estaba haciendo nada en la computadora y ella le pidió que entrara a su blog, leyera y comentara. Sin saber a dónde se metía, le hizo caso a su compañera. Pequeño problema: para firmar había que ser miembro de blogger. Bueno, era miembro de tantas cosas que una más no pasaba nada. Pero mientras completaba el formulario el bichito del “yo quiero” comenzó a picar y bueno, acá está Emma, un año y tantos meses después, aún escribiendo.

Todos gracias a la cumpleañera.
¡Feliz cumpleaños!

Emma.


Monday, October 08, 2007

Crónica de un viaje no deseado


– ¿Te gusta lo que estás estudiando?
– Estoy con parciales.


Antes de salir Flor me preguntó si estaba nerviosa. No. Pero cuando empecé a caminar para la parada mi estómago comenzó su revolución. Es un parcial, nada más. Me lo dije sin parar hasta que el 121 pasó por adelante mío y se detuvo en la esquina. No me iba a estresar, pasa a cada rato.

Apoyada contra una columna, miraba a un rubio y repetía conmigo “Publicidad es divulgación de noticias y… ¿Y qué?”

Para que el ómnibus me hubiera esperado yo tendría que ser una rubia divina con el pelo prolijamente despeinado. Lo comprobé cuando el conductor clavó los frenos en medio de la calle para que ella subiera. Cada vez que el hombre pisaba el freno parecía que se llevaba un perro por delante.

Me bajé y empecé a caminar, inconciente. Sí, inconciente, porque es de la única manera que puedo llegar a la facultad un lunes. Un lunes que hay parcial. Si mi mente se apoderara de mí por un momento, correría en sentido contrario y no pararía las piernas hasta estar debajo de la palangana del baño, como cuando era chica.

Por alguna razón –que puedo explicar diciendo, simplemente, que soy una cagona –nunca pude cruzar boulevard con el semáforo gritándome en letras naranjas NO CRUCE. Y gracias a mi idiotismo tres pendejos que no me llegaban ni a los hombros me sacaron cinco pesos. No es tanto y me consuela pensar que van a disfrutar del vino. Pero yo me tengo que volver a casa caminando.

Me siento en el fondo de la clase, como siempre, y dos compañeras empiezan a hablar adelante mío:
– Prestame las cosas para el parcial
– ¿No has empezado a estudiar? ¡Es el miércoles!


Emma.

Sunday, October 07, 2007

Chichos II

- Parece un perro
- ¡Sí, pero un perro lindo!
Emma.

Saturday, October 06, 2007

Las patadas de la vida

(Sí, la cambié por completo a la entrada)

Aunque mi familia no es chica, estoy llena de parientes que no son nada mío, pero tienen una amistad de años con mis padres, como mi tía Mariana, mi tía Brenda o mi tío Wilmar. El etcétera es demasiado largo como para nombrarlos a todos. Pero a todos los quiero como si de verdad llevara su sangre. O más.

Había estado trabajando en un casino el tiempo suficiente como para saber que nadie podía ganarle a la banca y que el wishky ya le estaba destrozando el hígado. Volviendo a casa una madrugada supo que ya era hora de buscar otra cosa. No quería más noches sacándole dinero a borrachos ni mañanas internado porque el hígado se revelaba contra la bebida.

Su tío le consiguió trabajo en Buenos Aires. A partir de ese momento lo único que tuvo que organizar fue la fiesta de despedida con sus amigos. La barra de toda la vida, los amigos que acampaban todos los veranos y filosofaban después del cuarto vino. Las amigas que ganaban los concursos de primavera y las que estudiaban en la facultad. Todos tenían una cosa en común: eran amigos de toda la vida.

Uno puso la casa, otros la bebida y entre cosa y cosa todos se olvidaron de la comida. No hacía falta mucho para divertirse, sólo tenían que estar juntos. El tiempo se le fue hablando con el Facha y el Coti, hasta que las mujeres se pasaron de relajo en un rincón. Miró hacia allí y la vio.

Su amiga de toda la vida. La rezongona, inteligente, vivaz, la astuta que siempre lo sacaba de problemas. Ella.

Ella estaba allí. Y él se iba para Argentina.

Emma.
(Con cariño para Alicia, Ella)

Friday, October 05, 2007

Autosatisfacción


Toda la semana, arriba muy temprano, a la cama quien sabe a qué hora. Dolor de cabeza, dolor de espalda. Nadie me cree si digo que tengo 20 años. Sí, 20 y el peor parcial del semestre dado.
Me siento libre.
Hoy sonó el despertador temprano, lo apagué y seguí durmiendo. Ya rendí corporativa.
Emma.
("El gran masturbador" Salvador Dalí)

Tuesday, October 02, 2007

Los tuyos y los míos

(Basado en una historia real)

Ella estaba agotada. El muy imbécil de su ex marido no sólo se había quedado con todas sus ilusiones de juntos para toda la vida, sino también con la casa, el auto y los ahorros que habían juntado durante sus trece años de matrimonio. Y todavía tenía que llevar a los niños los fines de semana a su casa porque él estaba muy ocupado con su nueva señora y su bebe como para irlos a buscar. Se daba la gran vida de recién casado y padre reciente cuando ella luchaba por sobrellevar la situación con sus tres hijos. La casa había sido regalo de su padre para ella cuando se independizó. Y ahora vivía él. Con otra.

Otro auto paró atrás, tres niños bajaron corriendo. Eran los hijos de la mujer de su ex marido. En el divorcio, el padre consiguió quedarse con la tenencia, pero tenían que pasar el fin de semana con la madre. Ya era habitual encontrarse con él y sus tres pequeños en la puerta de la casa de sus ex esposos. Incluso los últimos fines de semana habían ido a tomar un café después. Los dos tenían suficientes problemas como para compartir y entendían lo que le sucedía a la otra persona.

Él era un hombre serio, cariñoso con los hijos y trabajador. Le gustaba leer y el café. Tomaba mate, hacía asados y había prometido enseñarle a jugar al truco. Además era pintón. Tenía todos sus años bien llevados y el cabello rubio no mostraba muchas canas. Incluso había llegado a pensar que las arrugas alrededor de los ojos le quedaban atractivas. Era un tipo interesante.

Dejaron a los niños. Otro café, otra caminata por la rambla y cada uno a su casa.

Sus tres hijos la sacaron de la cama el sábado demasiado temprano. El viernes se había quedado trabajando hasta muy tarde, no tenía ganas de enfrentarse al imbécil tan pronto. “Un ratito más” pidió.

Pero fue imposible, el timbre sonó y los tres salieron corriendo a abrir la puerta. Ella salió de la cama y se puso la bata. No le gustaba que los niños abrieran la puerta. Últimamente estaba demasiado sobre protectora.

Sofía, la más chica, la vio salir con la cara de recién levantada y toda despeinada. Autoritariamente y con los ojos desorbitados, la volvió a meter en el cuarto y le tiró un peine: No salgas de acá hasta que no te vistas, ¿me entendiste? Y lavate la cara”. Esas eran las cosas que la madre le tenía que decir a la hija, no al revés.

Le hizo caso. Y cuando salió del cuarto se encontró con un complot: los seis niños estaban tomando la leche. Arriba de Él.

Friday, September 28, 2007

No sé qué me pienso de la vida II


Soy una persona mentirosa, aunque prefiera el término imaginativa; resulta que tengo mucha imaginación y me gusta desarrollarla. También me gusta actuar, por lo que (tres por dos) logro controlar mis gestos, aunque dos por tres alguno se escapa.

Vivo en un mundo de mentira, irreal, creado en mi cabeza. Ya había pensado que estaba comenzando a ser aburrido y que quería variar. Y LA PRIMER ACCIÓN HONESTA QUE HICE EN LA VIDA ME DEPRIMIÓ MÁS QUE ESA VEZ AL MES.

La verdad los hará libres” entonces a mi que me condenen.

Emma

Wednesday, September 26, 2007

Mi futuro



A esta altura espero que cuando me reciba termine trabajando en una revista económica. Soy de la clase de personas a las que hay que explicarle la cuestión económica durante hora y media. Y termina diciendo que entiende para que no la tomen por boluda.
Si voy a dar el examen por tercera vez o voy a recursar, por lo menos que me sirva para algo en la vida, porque escribir guiones económicos tampoco me llama la atención.

Emma. La hermana de un futuro economista y que sabe cuanto es dos más dos porque tiene calculadora (y porque Juan Rafael dice que es 22)

Monday, September 24, 2007

Retaguardia femenina



Durante tres meses tuve dos madres: una de verdad y otra de corazón. Solía extrañar a la de verdad, pero la del corazón estaba allí para consolarme. Conversábamos bastante, cualquier tema era interesante cuando la escuchaba hablar con su voz de abuela.

Tengo tendencia a tirar la toalla y largar el llanto. Durante esos tres meses ese detalle de mi persona nada más se incrementó y me veía a cada rato tirando y recogiendo la toalla con los ojos hinchados y rojos. Muchas veces ni siquiera sabía porqué era que tenía ganas de llorar.

Esa tarde volvíamos del colegio y ella notó mi expresión triste. Sin preguntarme nada empezó con una de sus historias sobre la universidad. A veces las mujeres necesitan llorar, dijo al final.

No es necesario tener razones y tampoco es válido buscarlas ni ponerle excusas a las lágrimas, a veces sólo se necesita sacar energía de adentro, golpear la almohada con fuerza y gritar, o cantar una canción de moda desafinando a más no dar abajo del agua fría, como me dijo una profesora el año pasado.

Las mujeres tenemos fama de ser más sentimentalistas, emotivas. No hay escuadra ni compás que valla con nosotras. A algunas puede ajustárseles menos que a otras, pero todas, independientemente de la personalidad, a veces necesitamos llorar tranquilas, sin que nadie nos pregunte qué nos pase, sin que nadie nos vea ni nos quiera calmar. Sólo llorar, irnos en lágrimas por un rato.

Después, sonreír se hace más fácil.




Emma.

Friday, September 21, 2007

Profesores de película

El profesor de filosofía

(Historiografía personal)

Primer día en cuarto año. Quince años. Ganas de tirarnos en la playa en lugar de estar en el liceo. Los pasillos eran un bullicio: carreras, gritos, cantos. Nadie quería entrar a clase, pero a medida que los profesores iban llegando, no quedaba más remedio.

Hasta que sólo quedó un grupo afuera. Conversaban y cantaban entre ellos, parados en la puerta del salón.

Entonces apareció caminando por el corredor: pantalones ajados, una remera que no conocía la plancha y el pelo más enmarañado que el de un chimpancé. Caminaba con pasos largos y brutos, tenía las cejas tan espesas que parecía severo, enojado. Se paró delante de la puerta, miró hacia abajo y metió un dedo entero por uno de los agujeros de la remera. Abrió la puerta y entró a la clase.

Tuvo paciencia, esperó a que todos se sentaran y comenzaran a divagar sobre este tipo que, se suponía, iba a enseñar filosofía. “Mi nombre es Martín”, dijo con voz áspera y fuerte.

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La materia se disfrutó y fue bastante educativa, no sé si tanto en filosofía, pero salí de cuarto de liceo sabiendo tomar tequila y conociendo los grupos de música del sesenta y setenta. Además también el mito de prometeo que lo dimos cuando fue la directora a la clase.
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Primer día de sexto de derecho. Los niños de cuarto de liceo que les habían sancionado el decorado de la ventana del día de la primavera (eso merece otro post) eran personas casi maduras (muy casi), decididas y con ganas de discutir.

Todos los grupos entraron a los salones, pero ellos no, seguían en el pasillo conversando. El profesor no aparecía.

– ¿Te acordás cuando nos pasó esto en cuarto? –comentó Fico a un grupo de personas que estuvieron con él todos los años de liceo.
– Si. Y llegó Martín –comentó Emma.

Martín, el profesor de filosofía, al que habían denunciado por pegarle a un alumno, al que habían acompañado a la playa a fumar cosas que mejor no nombro para evitar problemas, aquella persona que había hecho que Emma se subiera a un banco a cantar (y los dos compañeros que estaban al lado corrieran despavoridos).

Y llegó Martín, el profesor de filosofía. Otra vez. Entró a la clase, esperó a que todos nos sentáramos y él fue a la ventana. "Mi nombre es Martín. Algunos de ustedes ya me conocen", dijo.
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Ese año enseñó filosofía.

Monday, September 17, 2007

En las nubes

Blindness se está filmando en Uruguay. Es una película basada en el libro de José Saramago, “Ensayo sobre la ceguera”.

En radio (una materia de la facultad) tuvimos que hacer la práctica de móviles y yo era movilera. Detesto hablar por teléfono, es una de las cosas que más odio, pero bueno, no le podía fallar al equipo y como prefiero hablar sola por teléfono a hablarle a un micrófono con toda la clase mirando, me fui para la ciudad vieja, donde se estaba filmando la película.

Obvio, no me dejaron pasar. El error había sido pedir permiso, hay veces que ser educado no sirve para nada. Empecé a caminar alrededor del lugar, buscando un huequito para colarme. Y un camión bajando algo para el rodaje me dio la oportunidad. Vi al guardia y con toda la seguridad que me faltó para colarme la primera vez, caminé derecho para adentro. “Si me preguntan algo, digo que vivo acá” me repetí. Tanto tiempo sin actuar me está haciendo mal.

Toda la cuadra está ambientada para la filmación: comercios rotos y la calle sucia, tal cual si los hubieran acabado de robar, desesperados. Los actores estaban adentro de una cafetería, filmando. Le vi la cabeza a Danny Glover.

Cada vez que el director pedía silencio, la orden se repetía como eco a lo largo de la calle. Cuando se sentía “Corten” otra vez todos levantaban la voz.

A las siete apagaron los focos que daban al reflector. La calle se sumió en oscuridad. No me quería ir. No quería moverme. Quería agarrar una cámara y meterme adentro, volver a escuchar “action”, quería tener una identificación colgando.

Entonces tuve que salir al aire. Y volver a la realidad.

Emma.

Mayor de edad




Cumplió los 18. Ahora puede manejar, ir preso y votar.


¡Feliz cumpleaños Pedrito!

Monday, September 10, 2007

Dos besos


Mi cumpleaños de 15. Ninguna festejada presta verdadera atención a todos los parientes mayores cuando se está bailando el vals, por lo que cuando él me preguntó si sabía quién era, yo sonreí y le dije que sí. No tuvo vergüenza de decirme que no lo conocía y que era la primera vez que lo veía.
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Ella tenía el vestido de novia sobre la cama, el ajuar en un baúl y la almohada mojada. Al imbécil de su ex futuro marido se le había dado por darse cuenta de que amaba a otra cuando las invitaciones ya se habían repartido. Jamás imaginó que eso pudiera suceder. Habían estudiado juntos toda la carrera, habían comenzado a ejercer abogacía juntos. Parecía que se conocían tanto, que combinaban tan bien. Y sin embargo, cuando estaban por dar el sí para toda la vida, él la dejó.

Ya habían pasado varios meses. Se suponía que lo tendría que tener superado. Sin embargo, seguía sacando el vestido del placard. Sus amigas no aguantaron más verla llorar, compraron pasajes para una excursión a Chile. Pensaban llevarla aunque tuvieran que subirla al ómnibus a rastras.

Él había viajado a Chile con los compañeros del postgrado. Era colombiano y se notaba la diferencia entre medio de todos sus compañeros brasileros. Estaba muerto de frío en aquella montaña en medio del invierno, todavía no entendía cómo había aceptado esa invitación.

La vio sacándose las botas de nieve, mirar a su amiga con cara de dolor y masajearse el tobillo. Era médico, tenía que ir a ver si estaba bien.

Ella era abogada uruguaya, tenía que trabajar en Uruguay y seguir sus leyes. Él acababa de terminar su postgrado en Brasil y había conseguido trabajo allí. Felicitó a su ex futuro marido por su reciente compromiso. Después se casó y se fue a vivir a la frontera.
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Dos besos: uno en cada mejilla. Yo, y mi poca costumbre en el asunto, siempre le doy un beso y me quedo helada cuando veo que él vuelve a inclinarse sobre mí, pero del otro lado. Entonces me acuerdo del segundo.
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Dos besos: Gustav Klimt y Eduard Munch.


Emma.

Friday, September 07, 2007

Catorce



Le gusta ir a la moda, salir con las amigas y la música. Los hermanos mayores estamos para facilitarles el camino a los que vienen atrás. No sé de qué forma lo pude haber hecho con ella, porque, aunque dicen que somos parecidas, no tenemos nada más que la genética en común.

Ella es delicada y coqueta. Yo bruta y lo primero que encuentre. A ella le gusta estar igual que las amigas. Mis amigas y yo tenemos poco en común. A mi hermana le gusta ser el centro de atención. Y dos por tres a mi también. Ella es constante, decidida y segura. Tiene carácter fuerte y no sufre cuando dice que no. Mi hermana es mal criada, mimada de más y consentida. Es demostrativa pocas veces y, cuando quiere, dulce. Es la menor, la bebe.

Mañana cumple catorce. Mañana se hace más grande. Mañana voy a llenarla de besos hasta que me saque de un empujón (probablemente en el segundo) y voy a tratar de no convencerme de que mi bebe sigue ahí, en algún.

Emma.

Feliz cumpleaños, hermanita

Mis hermanitos cuando de verdad eran "itos"


Wednesday, September 05, 2007

Dejate de joder con la camarita

(Foto sacada por Publi freak)
La primera cámara que tuve en mis manos era de mi padre. Unos años después la única que la usaba era yo. Por alguna razón le cortaba la cabeza a todos mis modelos. La primera cámara digital me la regaló mi abuelo cuando cumplí quince años. Él había decidido que gastaba mucho en rollos y que iba a ser mucho mejor que sacara la cantidad que quisiera y nada más las pusiera en la computadora.

Mi primera cámara profesional también me la dio mi abuelo. Había sido de él y pasó sistemáticamente a ser mía. Hay algo con respecto al revelado manual que me llama la atención. Ha de ser el tiempo que se pierde en el cuarto oscuro antes de poder salir, ver la foto y notar que salió todo mal. Pero no me ofuscaba, muy por el contrario, era un incentivo para volver a hacerlo.

En la fiesta anual perseguí a un morocho bonito toda la noche para poder sacarle una foto. Era más grande, más inteligente, más todo que yo, pero quería una foto a como diera lugar. Pobre hombre, si lo llego a ver ahora me daría vergüenza. Al final de la noche dejó de caminar, me miró y con esa voz asquerosamente profunda que le descubrí me pidió de la mejor manera que me dejara de joder con la camarita. No lo dudé ni un segundo y le hice caso.

Escuchar el ruidito de la cámara abriendo el diafragma y dejando entrar la luz, la expectativa de ver qué fue lo que salió. Entiendo que puede ser molesto, pero lo siento, no puedo estar sin sacar fotos mucho tiempo, es como una adicción y no soporto el período de abstinencia.

Emma.

Sunday, September 02, 2007

Ventana indiscreta

(Basado en hechos reales)

La mujer miró por la ventana. Era uno de sus deportes favoritos: chusmear. Y ya hacía unos días que no veía movimiento en la casa del frente. Era extraño, porque desde que el marido de la vecina se había ido a la guerra, en esa casa no paraban de entrar hombres. Al principio había pensado que eran familiares que llegaban para ayudarla con el bebe. Pero cuando comenzó a notar que las caras no eran siempre las mismas, tuvo que suponer otra cosa.

Su marido pasó por atrás de ella y se sentó frente al televisor. Ya se había cansado de pedirle que dejara de mirar por esa ventana como si no tuviera nada mejor que hacer.

– Es raro, las cortinas están igual que ayer. Y ayer estaban iguales el día anterior -dijo ella.
– La mujer ha de estar ocupada.
– Anoche no había ninguna luz prendida.
– Tal vez tomó consciencia y se fue a un motel.
– ¿Y el bebe?
– No sé. No sé que hace esa mujer con su vida.
– Ay, enserio me preocupa saber que pasa. Anoche me pareció escuchar llorar al nene.
– Todos los bebes lloran.
– Voy a ir a ver si necesita ayuda.

Cuando su esposo giró para verla ella ya estaba en la calle. Le gustaba chusmear, era cierto, pero jamás se involucraba. Ir a golpear a la puerta de los vecinos porque quería saber qué era de sus vidas no era parte de la rutina. la siguió, lo que menos quería era problemas con los vecinos.

No logró llegar antes de que ella comenzara a golpear la puerta frenéticamente. Pero nadie la abría. Él estaba a punto de llevarla a rastras a su casa, cuando escucharon el llanto del bebe. Entre el llanto y los golpes, alguien tendría que haber abierto la puerta.

Algo no andaba bien. Logró mirar hacia adentro por un espacio entre las cortinas del ventanal que daba al jardín. El niño estaba allí, sentado en un charco de mugre. ¿Dónde demonios estaba la madre? Esa perra desgraciada que se había ocupado de levantar con los cuernos a su marido cada noche desde que él se había ido a la guerra.

Rompió un vidrio con una piedra y entró a la casa. El bebe comenzó a llorar con más fuerza, se paró y dio un par de pasos hacia el hombre. Él lo levantó y le limpió la boca con su remera. Abrió la puerta para que entrara su mujer y otros vecinos que fueron a ver que sucedía cuando escucharon el vidrio romperse.

En la casa no había nadie, todo estaba ordenado, menos el montón de basura que el bebe había desparramado. Hacía tres días que el niño estaba solo y comiendo de la basura ¿Qué clase de mujer hacía eso? No era la primera en dejar a su familia ni sería la última, pero ¿Qué intenciones tenía en dejar sólo a un bebe de 18 meses?

Y él había sobrevivido. Había seguido su instinto y allí estaba, llorando, sucio y con hambre, pero vivo.

Emma.

Saturday, September 01, 2007

Dalila

(o Basura pestilente)

Mi cabeza intenta encontrarle una explicación pero mi corazón se niega. De cierta forma intento justificar sus actos y es ahí cuando entro en crisis: mis yo se comienzan a pelear y agarran claustrofobia en el interior de mi cabeza. El pecho se hunde y los ojos se humedecen.

La imagino hermosa, después de todo, creo que él se le parecía. Rubia, como él de niño, con la misma sonrisa de él, tan amplia, tan deslumbrante que no deja desviar la mirada a sus ojos. Sus ojos de víbora, de hipócrita, manipuladora, mañosa y egoísta.

No sé ni su nombre y ella no sabe que yo existo, pero conocí algo que salió de ella, algo hermoso que no me explico como pudo dar a luz. Dudo que alguna vez la llegue a conocer cara a cara. Si eso llegara a suceder no sé si le pegaría hasta dejarla inconsciente o le agradecería.

No puedo alcanzar el punto de equilibrio, esa mujer escapa a mi entendimiento y me causa curiosidad.


Emma.

Monday, August 27, 2007

Gritando al galope


La habitación del sanatorio ha pasado por varias etapas para mí: de la salvación pasó a ser el infierno, después mi sala velatoria y ahora mi prisión.

Qué ironía, estar a punto de pasar a mejor vida por una de las cosas que más me gustan de este mundo: los caballos. Tal vez, si no hubiera estado tan concentrada pensando en él, habría visto que se acercaba cabalgando por la izquierda. Habría notado que no tenía intenciones de frenar. Entonces yo, por el miedo fóbico que le tengo a las agujas, hubiera parado el auto y lo habría visto pasar, elegante. Hay pocas cosas que me gustan tanto como el galope de los caballos.

Pero por mi estupidez llegué a esta habitación (que ahora parece una florería). Y por mi estupidez también le di más trabajo a muchas enfermeras, un par de médicos, algún que otro veterinario y un mecánico. Quizás deba de estar agradecida de que la cosa haya sido grave: mi padre ha evitado tocar el tema del auto. Tal vez porque ya no hay auto.

Desde que me desperté no he salido de la habitación. Cada vez que asomo la cabeza por la puerta corren las enfermeras como locas a meterme en la cama otra vez. Por lo menos ya me sacaron los cables. Aunque me duele un poco la mano, puedo escribir. Pero ninguno de los moretones, cortes y raspaduras se compara con el dolor de cabeza constante. Y se agranda una hora por día cada vez que viene la psicóloga. La detesto.

La mujer se piensa que soy suicida. Supongo que habrá situaciones donde es preferible la muerte, pero él no es una de esas situaciones. Además soy una cagona y le tengo terrible miedo a lo que hay después. Estaba distraída, nada más. Y no puedo hacer gráfico la fuerza de voluntad que tengo que juntar para admitir que la peor cagada que me he mandado en la vida (y de corazón espero que no mandarme ninguna peor) fue por estar pensando en él. De todas formas, nunca lo voy a admitir en voz alta.

No me hice nada para lo que podría haber sido. Es lo que dice mi abuela cada vez que prende una vela. Odio las velas, el olor a incienso y a él también. Aunque juntó coraje y vino a verme. Si no hubiera estado tan feliz por ver a un ser vivo (las plantas no cuentan) lo habría echado.

Tengo que valorar su buen gesto: me regaló este diario íntimo. Tiene las hojas celestes y la tapa forrado en tela azul. Es horrible. Tal vez lo eligió porque sabe que me gustan los colores fríos. Creo que fue coincidencia. Definitivamente, tiene mal gusto.

Siento tantas ganas de pegarle con fuerza. Con un palo. Y de romperle la camioneta también. Gente tan bonita como él no tendrían porqué nacer. Especialmente cuando los niveles de belleza se miden por la estupidez. Aunque, admito, la culpa no es del chancho y la que le rasca el lomo soy yo, así que si él es estúpido yo lo duplico, después de todo lo quiero. Sí, lo quiero, es posesivo.

Siento tantas ganas de llorar. Pero tengo miedo de que caiga alguna enfermera bruta y me clave una jeringa para que me calme. Con un poco de suerte me encuentra la vena rápido, pero suerte es algo que últimamente, me falta. Y cuando llegue mi familia voy a tener que fingir que estoy bien. Estoy bien, estoy viva. Pero no tengo ganas de reír, no tengo ganas de hacer nada, me duele la cabeza.

Hipodamia.

Sunday, August 26, 2007

Pensando en él

Roy Lichtenstein

Friday, August 17, 2007

Estufa a leña con vista al río

Vivo lejos de la ciudad. Tanto que puedo ver las estrellas. También vivo lejos del río, pero tan cerca que puedo escuchar el oleaje. No vivo cerca del campo, ni se ordeñar una vaca, pero amo a los caballos.

Vivo cerca de los abrazos de la gente que quiero. Cerca de donde puedo caminar sola a cualquier hora. Vivo cerca de los estudios y de los semáforos, de árboles, del aire puro y del aire de fábrica.

Vivo lejos de todo lo que acabo de escribir. Me faltan los abrazos de algunos amigos que no están, las críticas de gente que me quiere y otros que me quieren poco. Me falta la cascada y el puente roto, la nieve y el aceite especial. Me falta la estufa a leña y la vista al lago, pero tengo la estufa a leña y la vista al río.

Vivo en una tormenta de verano. Una tormenta con mucho viento y gotas chicas, que chicotean con fuerza, que mueven, que corren y que gritan que no somos nada, que estamos acá pero nos vamos a ir tan pronto notemos que vivimos. Una tormenta que tapa el cielo, que mueve el río, que encierra a la gente y a mi me saca. A mí me para en la escollera. Sola. Dejando que el viento me mueva, que me grite lo que quiera. Dándome cuenta que soy producto de la naturaleza.

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Bajo a la playa con mi cámara de fotos. Rápido, porque la tormenta no va a demorar en llegar. Los perros van conmigo, los tres. Siempre van conmigo: Plocky es mi guardián, Niké todavía le tiene miedo a la playa, sólo tiene tres meses. Ludovika disfruta del agua desde que sale de casa hasta que se aburre. O le da hambre.

Un vecino me grita que no sea loca y me meta en casa, que se viene una tormenta fea. Lo saludo con la mano, ni siquiera le sonrió: que se meta con su vida, pero gracias por preocuparse por mí.

Sí, era una locura bajar a la playa con el cielo cubierto y la negrura acercándose. Pero la foto iba a quedar demasiado buena como para volver a casa y esconderme de la naturaleza. Tenía que mostrarles a mis amigos que no estaban cerca cómo era una tormenta de verano.

Volví a casa con las piernas rojas de los chicotazos de la arena, mi pelo era una enredadera por el viento y había que bañar a los perros que no habían parado de ladrarme en todo el rato. Pero la foto estaba en la cámara. Otro vecino se reía desde la seguridad de la terraza techada de su casa. Me gritó algo que no pude entender. Yo pasé a pasos agigantados con la cabeza gacha y la cámara adentro de la remera.



Emma.
(Mike. Si lloro es porque te quiero. Y te quiero mucho)




Monday, August 13, 2007

Futura mamá

Ludovika va a ser mamá. Y Nike una tía orgullosa.
Emma

El niño que todos llevamos dentro




feliz día del niño a todos. Especialmente a aquellos que no dejan morir al niño interior.
Emma
(Los niños de las fotos ya están todos grandes)

Friday, August 10, 2007

Reloj, no marques las horas


La hermosa sensación de sentir que no hay nada útil para hacer. ¿Y mañana? Va a ser igual. Pero como siempre, los domingos son tristes y los lunes se resumen en perdición.

Emma.

Tuesday, August 07, 2007

Para que los de afuera no nos devoren


Perdí el privilegio de ser hija única un mes antes de cumplir tres años. Con mi hermanito nuevo también nació Perico, un oso amarillo cuatro veces más grande que yo (en aquel momento) que llamé de esa forma en honor a mi niñera, la Perica. Le usaba los chupetes y le cambiaba los pañales. Según mi madre yo era "toda una mamá". Entonces, un día, papá y mamá nos llevaron al cuarto y nos dieron una gran noticia: íbamos a tener un hermanito. Tenía seis años, pero me acuerdo de estar saltando en la cama con mi hermanito, festejando.

Al nombre de la nueva bebe lo elegimos entre los cuatro. Papá y mi hermanito armaron una lista (a él no le gustaba ningún nombre) y mamá y yo armamos otra lista (a mi me gustaban todos los nombres). El nombre de mi hermana fue producto de la coincidencia de todas las manos arriba cuando lo dijeron. Ella nos culpa a los cuatro.

Así crecí, con dos hermanos menores bajo mi responsabilidad, jugando al fútbol con él y a las muñecas con ella. Enojándome cuando no me dejaban ver MTV porque querían ver dibujitos. Quejándome de la poca privacidad. Ayudándolos a organizar las fiestas de cumpleaños y llevándolos a la escuela.

Con dieciocho años me fui. En un lugar que no conocía y casi no me daba entender, gané una hermana histérica, caprichosa y celosa que se encargó de hacerme pasar mal. como no soy (ni tengo intenciones de ser) mártir, me fui de esa casa. Y llegué a otra donde, por primera vez en la vida fui la menor, era a la que tenían que cuidar y no la que cuidaba, a la que había que llevar, ayudar y explicar. Mi nueva hermana mayor estaba casada, mi nuevo hermano mayor también y tenía un hijo: mi sobrinito. Mi otro nuevo hermano mayor era el bebe de la casa que, con casi treinta años, seguía viviendo con mamá y papá. El rebelde, el que más me cuidaba y el que casi me convence para ir a ver como degoyaban a un chancho.

Con aquel mundo en la cabeza volví a mi vida de ser la mayor, la responsable. Y de alguna forma, casi sin darme cuenta, llegó otro hermano. Más alto de lo normal, más alérgico que cualquier persona que conociera, con más entusiasmo de lo estándar. Lo único que sabía decir en español era algo acerca de la cena y nunca entendía los chistes.

Mis padres me regalaron dos hermanos, las dos personas que más quiero en el mundo. La vida me regaló cinco. Siete personas especiales, diferentes y con corazón abierto para quererme de la misma forma que los quiero a ellos. Siete personas por las que nunca voy a dejar de decir gracias.

Pero entre los hermanos de la vida hay uno. Aunque no se deba hacer diferencia, él es la persona más cercana a ser regalo de mamá y papá. A pesar de las distancias, el idioma y el océano, sigue y seguirá siendo siempre mi hermano.





Feliz cumpleaños, Chispa.

Emma

Wednesday, August 01, 2007

El lado masculino de la mente femenina


Este post es sólo para complacer mi capacidad femenina de babearme hasta el cansancio y poder seguir un poco más. Los hombres poseen la misma capacidad multiplicada por infinito y la usan indefinidamente más que las mujeres, pero ¿Qué integrante del sexo femenino es capaz de ver una película con Brad Pitt y cambiar antes de echarle una vichadita?

Aunque no giremos la cabeza al mejor estilo El exorcista con cada espécimen macho que pase por adelante, pero siempre hay algún morocho o algún par de ojos que nos atacan in fraganti. No les gritamos ninguna estupidez a los hombres bonitos, pero sí esperamos que ellos lo hagan.

No estamos continuamente pensando en Jude Law, en el verdulero de la esquina o en el amigo del amigo, porque también tenemos que comprar zapatos, mirar ropa, mirar la novela o chusmear con una amiga.
Emma
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¡Feliz cumpleaños, Io!

Saturday, July 28, 2007

Las manos de las peluqueras

Emma era una pequeña niña (casi) rubia llena de rizos que un día fue a la peluquería con su papá. Sí, por raro que suene, fue con su papá. Las órdenes de su madre fueron claras: debía (sólo) cortarse las puntas. Pero, y echándole la culpa a la peluquera que era lenta, mientras tanto, Emmita vio la foto de una modelo preciosa con el pelo corto y cerquillo. Ni la (inmunda) peluquera ni su (iluso) padre se opusieron al corte de cabello de la (encantada con la foto) pequeña, por lo que salió de la peluquería al mejor estilo Cristóbal Colón.

Aún con la vergüenza de tener que salir a la calle de esa forma (ayudada por la inocencia de la edad) y aguantar los comentarios detestables de sus compañeros, Emma sobrevivió. Pero sólo lo hizo para demostrar ser una completa inconsciente a mayor edad. Aunque habría que darle un poco de crédito, después de todo, cortarse el pelo en la ducha y sin espejo no se le ocurre a cualquiera. Para demostrar su madurez y su capacidad para asumir sus malas acciones (y su idiotismo) no fue a la peluquería para arreglarse el pelo.

Las manos de las peluqueras son las que hacen milagros con nuestras cabezas: las mejoran o provocan arrepentimiento. Mi madre tiene manos de peluquera después de casi raparme cuando se me pegó un chicle en el pelo dormida. Mi mejor amiga de la escuela tiene manos de peluquera después de intentar quitarse el cerquillo (y quedar como una estrella punk frustrada), el amigo de mi hermano tiene manos de peluquera cada vez que se acomoda los rulos.

La sensación de paz mientras nos masajean la cabeza cuando la lavan, la sensación de que vamos a cambiar radicalmente cuando nos ponen la tinta en el pelo, la sensación de terror cuando agarran la tijera.


Emma.

Thursday, July 26, 2007

Volvió. Otra vez

Medio año después de terminar el liceo se fue. Y yo no estaba para despedirla. Sí estuve la primera vez que volvió. Y la segunda, y espero estar todas las demás. Estar acá, para darle un buzo más mientras no se acostumbra al frío de invierno después de vivir con calores caribeños todo el año.

Tam, Tami o Patona. Mi ahijada, mi amiga y mi futura médica. Bienvenida otra vez a la pequeña República sin nombre del sur.

Emma.

Pluma y papel

“Bienvenidos a la inauguración de este: mi nuevo cuaderno del terror. El objeto que si llega a caer en las manos equivocadas provocará el fin de mi orgullo”

Mi primer contacto con un diario íntimo fue triste. Era el cumpleaños de una amiga y uno de sus regalos era un hermoso cuadernito lleno de dibujos marcados en dorado y un candado con dos llaves. “¡Un diario íntimo!”, exclamó ella encantada y yo, secretamente, comencé a pensar en todas las cosas que podría escribir si llegaba a tener uno. Tenía seis años, mi vida era muy excitante.

Pero mi madre se rehusó a comprarme uno hasta que no corrigiera mi letra y (ella soñaba) mis faltas de ortografía. Así que exprimí al máximo mi creatividad y me hice uno: un montón de hojas grapadas con un gancho viejo y en la primer hoja había escrito: “Mi diario íntimo”. Lo escondí en mi lugar secreto, en un cajón del escritorio de mi tío. Así que toda la familia se enteró lo que había escrito en mi precioso diario.

El segundo contacto no fue mucho mejor. Me habían regalado uno para mi cumpleaños cuando cumplí ocho. Con una carrera de niña insoportable y mal criada que acarrear y dos hermanos menores de cinco y un añito, siempre tuve niñeras (hasta los dieciocho años, sí). Pero ninguna tan chusma como Beatriz que se encargaba de hacerme la vida imposible y no me dejaba jugar con los autitos de mi hermano por el simple motivo de que cuando me aburría no los juntaba. Abrí mi diario y debajo de donde decía que me gustaba Nicolás, puse que Beatriz era una pesada.

Al otro día ella me zarandeó un poco y me dijo que no era ninguna pesada. “Yo nunca dije eso”, me defendí. Y ella, la muy hipócrita, me dijo que lo había leído en mi diario, es más, me hizo borrarlo. Supongo que en ese momento llegué a la conclusión de que no era tan íntimo después de todo por mucho candadito que tuviera.

Otros incidentes poco afortunados fue correr al hermano de Nicolas por toda la casa diciéndole que me gustaba, mientras Nicolás leía que el que me gustaba era él. Y enterarme que mi mejor amiga había leído que me molestaba jugar a todo lo que ella quería.

Me tomé un tiempo con los diarios íntimos antes de terminar la escuela y los primeros años de liceo. Pero la tentación fue más fuerte, así que en la primavera del 2000 volví a iniciar el vicio. Fue como con los cigarros: primero probas a ver que tal es, después fumas en fiestas, para que no digan que sos un amargo y cuando querés acordar, ya no podes pasar. A mí me pasó lo mismo con los diarios íntimos a partir de segundo de liceo: agarré un cuaderno grueso para escribir mis cosas privadas para no ser diferente. Después ya, si bien decía que era para no ser diferente, me gustaba hacerlo; tirarme en la cama descalza y pensar en todo lo que tenía para escribir: los chusmeríos de todas mis amigas, las discusiones con mis padres, lo insoportables que eran mis hermanos y el infaltable él que decoraba todas las hojas: “¡Me saludó!", “Lo miré, me miró, nos miramos”, “Etc”.

A medida que creía y veía que mis amigas dejaban el vicio de escribir y yo seguía firme a la pluma, comencé a cuestionarme la idea de mentir: “Nooo, yo no escribo más tampoco, eso es de niños”. Pero me encantaba mostrarles como decoraba las páginas de mis agendas (Pacualina) con las fotos de los que nos gustaban a todas, entonces listo, si eran mis amigas que me bancaran.

Pero de todas formas, después de escribir ocho agendas en un solo añito comencé a plantearme mejor la situación. No era como que me iba a morir de cáncer a la mano por tanto escribir, ni mis neuronas iban a dejar de funcionar por tanto que lo hacía. No podía ser tan malo entonces, ¿No?

No puedo estar sin escribir porque tampoco cuento las cosas y si se quedan allí, se transforman en esas pastillas que cuando se ponen en agua largan efervescencia y joden. Me ayuda a quitarme las cosas de la cabeza y plasmarlas en una hoja, a conectarme conmigo, a abrirme. Y a reirme de las macanas que me mando cuando leo lo que escribí.

No me imagino viviendo toda la vida cerrando un cuaderno con un candado (que siempre dejaba de usar porque lo perdía) pero tampoco me la imagino dejando de escribir.

Por alguna razón, las cosas que dicen “No mirar” o “Prohibido pasar” son las que causan mayor curiosidad. Yo sigo firme a mi vicio e inculcándolo en otras personas. Y reconozco: si mis cuadernos del terror llegan a caer en las manos equivocadas, mi orgullo (que es abundante) se caería por las escaleras.

Emma

Monday, July 23, 2007

A ritmo flamenco


Marianne ya es mamá. La beba pasó de su vientre a sus brazos y, aunque las ojeras perduran, la luz de los ojos señalan que con ese cuerpito rubio, también nació una mamá (pelirroja). Nació un sueño de futuro, un par de tíos intranquilos y divertidos, los abuelos y un mundo para ella solita. Nadine es la princesa de su propio reino.

Yo estoy lejos: a más de un océano de distancia. No la pude ir a visitar al hospital, ni hacerle llegar un ramo de flores, ni siquiera una tarjeta. Pero está presente y no hay litros de agua que lo impidan. Todos los momentos que pasé con la mamá antes de pensar en tener nada que fuera nuestro me dan el derecho de estar feliz y desearle lo mejor.

Y aunque cueste imaginarse a aquella flaca que salía todo el tiempo y dos por tres ni siquiera ella sabía lo que decía, como una mamá, la vida te ayuda a cambiar y las situaciones te hacen crecer.

¿Le gustará actuar como a la mamá? ¿Dirá todo con una mirada? ¿O se parecerá más al padre? Se construye un castillo para ella lleno de sueños, ilusiones y anhelos.


Emma.
(Lo mejor de corazón)

Sunday, July 22, 2007

Chichos

“Perro. Pero de esos perros que te dan ganas de ser una perra”
Con el brazo tenso revuelve el café mientras critica escupiendo las palabras con fuerza. De pasada al living le pregunto si está todo bien. Me sonríe con sarcasmo y me dice que sí mientras sacude la taza con gracia.
“Perro” escucho cuando me siento en el sillón.
Hombres. Mejor con ellos que sin ellos, pero dos por tres aparece la excepción que rompe la regla.
“Está bueno que sean perros, así le podés enseñar truquitos”

Emma.

Saturday, July 21, 2007

Último momento

"Es tan primicia que ni siquiera él lo sabía"
Emma
"¿Vamos a hablar mal de alguien? No sé, esas cosas que hace la gente"
Inia
"¡Dale, si nos gusta hablar mal de la gente!"
Lena

Friday, July 20, 2007

Hay códigos


Entre amigos hay códigos, chistes internos, apodos que nadie más comprende, ganas de tomar mate hasta quedar verde. Vivir con ellos, volver a casa un fin de semana y quedar para vernos. Hay cadenitas de la amistad, fotos raras que tienen sentido, frases que causan risa y canciones que hacen llorar.

feliz día a todos los amigos.

Emma.

Friday, July 13, 2007

No sé que me pienso de la vida


Mañosa/ caprichosa/ inmadura/ desconfiada/ inconstante.
Aportes para definir la personalidad de Emma. Las virtudes se quedaron en el camino. En algún momento llegarán.
Yo: Emma.

Thursday, July 12, 2007

"Esos días"

Sujeto femenino uno. Saca el colchón de la cama y se pone en posición de firmes para empujarla afuera de la habitación. Sujeto femenino dos, toma mate y le dice a la otra que espere un segundo y la ayuda. Sujeto masculino pone música.

Sujeto femenino uno no puede sacar la cama. Sujeto femenino dos y masculino se ríen de la incompetencia del Sujeto femenino uno. Ella se enoja, mete la cama en el cuarto y se encierra con la música a todo volumen para no escuchar a los otros dos sujetos que se quedaron con la (otra) música y el mate.

El PMS nos afecta a todas.


Emma

Vino malo

No sé mucho sobre el vino, pero mi poca capacidad de asimilar algo sobre el tema sabe que cuando se cata primero se mueve la copa, después se huele y luego se prueba. El olor da cierto gusto al vino, entonces, cuando se degusta, si el vino es bueno, completa la sensación que presentó el olfato.

Muchas veces lo que sucede con narices poco educadas (supongamos nariz de sujeto femenino: Emma) es que el olor representa una cosa, pero cuando se prueba el vino, el gusto no da en el tono con lo que se esperaba del sabor. Defrauda. Se mira el envase y se piensa “¿qué falló?” colores bonitos, publicidad fantástica, buenos comentarios. Pero el resultado fue catastrófico. Al final, un racimo de uvas para quitar el mal gusto.

Ahí está, otra relación perdida. ¿Mal olfato o terrible gusto?


Emma

Sunday, July 08, 2007

Baldosas flojas

Carrera con obstáculos. Cualquier persona que camine por 18 de julio un día entre semana y no tenga intenciones de mirar vidrieras puede considerarse campeón de carrera con obstáculos. Carrera porque la propia gente lo empuja a uno a aumentar la velocidad, con obstáculos porque siempre está la señora con bastón que no se puede pechar o el grupo de amigas que caminan todas agarradas del brazo, trancando la calle.

Ruido. Bocinas, ómnibus con catarro, los tacos de la mujer que camina adelante mío, los gritos del señor que vende despertadores en la calle y los despertadores demostrando que funcionan. Mis pensamientos que pelean entre sí, el celular que suena en el fondo de mi bolso y mi mp3 que no funciona.

Puede que no llueva en toda la semana, pero cuando se levanta la mirada al cielo, al pie se le da por pisar una baldosa floja y el vaquero queda negro de barro. Los ojos vuelan al piso, pero, concentrada en la puteada, el otro pie pisa otra baldosa floja (que en Montevideo no faltan) y empareja el barro con la otra pierna del vaquero.

Sí. Volví a Montevideo. Pero la única forma de estar segura es cuando escucho al viejo borracho con una frazada en la espalda que amaga a acercarse e intenta articular: “morocha, dame un #eso” (¿Qué dijo: peso o beso?).

Emma.

¡Mamá...!

- ¡Mamá, mi caballo es hija de tu caballa!
- ¡Yegua, boluda!
- ¡Yeguo serás vos!

Tuesday, June 26, 2007

Peripecias de la historia

Editado por Emma.

Saturday, June 23, 2007

Nuevo/Viejo

Las cenizas del prócer están adentro del meadero oficial de los sábados de madrugada. El mausoleo está enterrado en el medio de la Plaza Independencia, abierto a todo público durante el día. Una arquitectura elegante, sin demasiados recovecos, en algún tipo de piedra negra. Un par de papás patriotas llevan a su pequeño, de cuatro o cinco años. A ver las cenizas importadas desde Paraguay.

Es difícil intentar imaginar cuántas personas pasan por esa plaza cada día sin ser conscientes de que están caminando sobre el cadáver del prócer uruguayo. Tampoco es probable que se pueda calcular la cantidad de personas que son conscientes de por donde caminan durante la noche, cuando van a bailar a los boliches de la zona. O cuando vuelven. Y se detienen a saludar al monumento porque el baño estaba lleno.

Las únicas personas que hay adentro son dos blandengues haciendo guardia. Vestidos impecables, con cara de sobriedad y en posición de firmes. Tan firmes que dan ganas de hacerles cosquillas. Son como dos estatuas pensantes que no reflejan vida, pero a la vez, mientras se observa la línea de tiempo esculpida en las paredes, se sienten los ojos de esos seres que no se mueven, encima de uno, prontos para gritar un “¡Fuego!” si nos acercamos demasiado a la caja donde están las cenizas.

La estatua está colocada de modo que los ojos severos de Artigas logran ver a todo aquel que llega a la plaza. Es como si estudiara a los nuevos uruguayos: al hombre que toca el violín desafinado, al que limpia las botas, a todos los trajes, corbatas y tacos y paraguas que caminan decididos hacia la puerta que marca el límite. Está entre la civilización de todos los días y la de más allá. La Ciudad Vieja. Es el guardia que tiene la zona comercial de Montevideo.

La puerta de la ciudadela indica el fin del mundo conocido y el comienzo de una mezcla. Lo viejo y lo nuevo se encuentran a espaldas de Artigas. Cuando se cruza la puerta de la ciudadela, los últimos modelos de zapatos pisan los adoquines del año 1800. Un hombre termina su almuerzo corriendo por los adoquines, con la carpeta bajo el brazo. Los vidrios polarizados con marcos de principios del siglo pasado y los relojes antiguos de un edificio que luce un enorme cartel de Se alquila.

Artigas está allí, como permitiendo el paso de todo aquel que sigue de largo a la Ciudad Vieja. Siguiendo a los ilustres orientales acompañado de unas cuantas palomas que se encaran de hacerle compañía y dejarle algún que otro regalito.

Tuesday, June 19, 2007

Perdiendo

No me gusta perder mi nombre. Yo soy Emma, porque elegí ese nombre para mí. Todos aquellos que me conocen la cara no me llaman Emma, pero lo soy, porque escribo y porque firmo con ese nombre.

No me gusta perder el nombre y dejar de ser Emma para ser “la hija de”, “la amiga de”, “la novia de”. En cambio, estaría chocha cuando, llegado el momento (y que el momento tarde en llegar), pierda mi nombre para ser “la mamá de”, “la escritora de” “la abuela de”.

“¡Abuela teléfono!”. Mi tío (el tío de) llama a mi abuela. Yo espero del otro lado de la línea. María Elsa. Mamá. Abuela. “Hola mi amor” me dice con su voz dulce sabiendo que estoy lejos. Abuela, perdió el nombre, pero atiende encantada ante el nuevo que le dio la familia.

Abuela. Mamá. Emma. Abuela. Mamá. María Elsa. Abuelo. Papá. Jefe. Edgardo.
Feliz día.

Wednesday, June 13, 2007

Siendo realista

- ¿En qué pensás?
- En nada.
- Que bueno. En estos momentos no hay que pensar.

Detalles que no se tienen que repetir. Llamadas que nunca van a llegar.
Acá estoy, sentada frente a la computadora, sacando la mirada del celular e intentando pensar en lo que tengo que hacer. No va a sonar. No va a pasar. Cuanto antes me acostmbre a la idea más independiente voy a ser. No va a sonar y lo tengo que saber.

Tuesday, June 05, 2007

Diálogo interno

Soy un témpano, es cierto.

Necesito una llama que me derrita.


No, no me gusta sentir frío. Me gusta el invierno, pero cuando tengo una manta cerca. De todas formas, las mantas que he encontrado por el camino, son todas de texturas ásperas y rancias. No me abrigan del frío, solamente me hacen sentir mal porque no son lo que quiero… es como que me conformo con lo que hay. No me conformo.

Todo hombre tiene sus preferencias. Resulta que las preferencias de él no se parecen en nada a mi.


¿Tener y perder o nunca haber tenido? En un primer momento pensé que prefería nunca haber tenido, entonces estaría deseando sobre una ilusión, nada con base real, y tarde o temprano, ese deseo terminaría marchitándose y moriría. Luego lo vi. Entonces cambié de opinión. Un momento para toda la vida.

Emma.

Wednesday, May 30, 2007

Piratas pirateados


Piratas del Caribe, el fin del mundo
Dirección de Gore Berbinski
Johnny Deep, Keira Knightley, Orlando Bloom, Geoffrey Rush
2007
Me senté en la butaca ansiosa. Hacía tres minutos había comentado con Laura que era mejor si mirábamos la película sin expectativas. En cierta forma ya sabíamos que (algo) nos iba a defraudar. Pero entre papas fritas y nachos nos pasamos recordando las andanzas de Jack Sparrow y compañía.

Es cierto, me desilusionó un poco. Era lógico más que emocional. Piratas del Caribe, la maldición del Perla Negra es la película de las tardes cuando no quiero hacer nada, cuando estoy aburrida, no quiero estudiar, no sé que hacer, etc. Para una persona que le gustan las historias de piratas ver a Johnny Depp en un personaje que parece creado especialmente para él es una maravilla. Y más aún una historia que mezcla humor detallista con acción y aventuras. ¿A quien no le dan ganas de largarse al mar?

Pero, volviendo al tema, El fin del mundo me gustó. Nadie entiende cuando digo que “es una película para pasar el rato” igual que “es un libro para leerlo”. Hay películas que son para disfrutarlas (igual que los libros) otras que solamente son para mirarlas. Pero una película para pasar el rato es para verla con esa gente que sabes que la van a volver más especial aún.

Envidia. No suelo sentirla muy seguido. Pero ver a Keira Knightley dando golpes a diestra y siniestra y no ligar ni una magulladura, es más, tener siempre el pelo en ese estilo sucio-impecable merecía mi envidia. No voy a hablar sobre Orlando Bloom, porque cuando diga que es un tipo que me da igual nadie me va a creer. Tampoco soy experta para medir su capacidad actoral, pero cuando aparece como el capitán del Holandés Errante logró captar mi atención ;)

Mi recomendación final sobre la película sería: mírenla y júzguenla por ustedes mismos. Si la consiguen trucha mejor, así no gastan los (casi) cien pesos de la entrada. Tengan cuidado después con los reclames de los dvd originales cuando dicen “no robarás un auto”, no valla a ser cosa que les entre cargo de consciencia.
Emma

Wednesday, May 23, 2007

Ahí adentro

Rambla de Montevideo. Frente al Parque Rodó.
Emma.

Thursday, May 17, 2007

Isla África


Recomendado.

¿Por qué? Porque sí.

¿Con qué criterio? Con el gusto de Emma.

Isla África
Ramón Lobo
Seix Barral Biblioteca Breve, septiembre 2001
251 páginas
Emma

Monday, May 14, 2007

El asesino de mosquitos


Me parece que escuché en algún lugar que los mosquitos con el frío se van. O se mueren. No me importa, el punto es que cuando llega el invierno los moscos no joden más.
Mentira.
Acá estamos todos hechos un cubito azul de frío y con manchitas rojas por todos lados.
Por suerte está el asesino de mosquitos. Más que desconcentrarte en clase, te libra de una futura picadura.

Thursday, May 10, 2007

Soy valiente


Me miro al espejo y repito conmigo: “soy valiente”.
Pero cuando entra el profesor con los parciales en la mano, salgo corriendo en la dirección contraria.
"Titi biriti" le dije a Martín. Él me miró con cara de dejá-de-decir-disparates y me preguntó que era eso.
"Lo que más me revienta es que estudié. Y no me acuerdo de nada" comenté con Laura. Ella me dijo que sí con la cabeza y miró a Vicky que tenía la frente hundida en los apuntes.
"Que momento" dijo Detti cuando preguntó quien había hecho los trabajos y nadie levantó la mano.
Gabo hacía dibujitos en la cuadernola y Martín levantaba el cartel que decía silencio de la biblioteca. Yo, desesperada, trataba de aprenderme una vez más las pinches cosas que iban para el parcial.
"Esto es una tomada de pelo" dijo Laura. Elena comía chocolate.
Emma
Crónicas de un parcial

Monday, May 07, 2007

En algún lugar de mi mente siempre presente

Cuando era chica me gustaba imitar a las actrices. Me aprendía los diálogos y los repetía en el almuerzo, jugando con mis amigos o mechándolos en conversaciones. También le escribía los guiones a algunas telenovelas que me gustaban: “Vero dice:”, “Manu le contesta:”. Nunca llegaba a los finales. Un poco después, cuando pude leer sin estar quince minutos con la misma oración, pasé a aprenderme diálogos de los libros de memoria y jugaba a ser las dos partes. Me acuerdo de una versión de Romeo y Julieta donde Julieta lo mataba y se iba enojada. Nunca más encontré ese libro. Atormentaba a mis empleadas persiguiendolas por todos lados para que escucharan como me salía.

Entré a bachillerato y pude ir al taller de teatro en el liceo. Se hizo la gloria. Estaba segura de que había encontrado mi profesión, a eso me quería dedicar el resto de mis días. Y cuando me peleaba con mis padres, más convencida de que quería ser actriz estaba. No falté ni una vez en los dos años que fui. Lo mejor que podía pasar en esos talleres era que las coordinadoras me eligieran para pasar al medio y hacer de ejemplo. Jamás me había gustado y cada vez que me hacían parar en una clase no me sentía tan entusiasmada. Pero era el teatro, algo diferente.


Seguí ascendiendo en mi carrera como actriz del interior. Y entré al teatro de la biblioteca de la ciudad donde vivía. Runo me agarró en la fiesta anual ese febrero y me dijo que habíamos quedado seleccionados. No le creí. Me agarró del brazo y me arrastró por media fiesta hasta que encontramos a Fico, cuando él dijo que Runo tenía razón no lo podía creer. Había encontrado mi carrera y medio que valía la pena en eso.


Pero todo lo que sube tiene que bajar. Y mi ego así lo hizo cuando el papel de la obra que me asignaron estuvo muy bueno. Mi falta de confianza me jugó en contra cuando no sabía donde buscarlo al principio. Después me daba vergüenza mostrarlo. Hasta que finalmente llegamos a un acuerdo con Fico (que tenía la primer escena conmigo) y salió fantástico.


Comprobé que salir al escenario era la sensación más frenética que existía. Especialmente los tres segundos antes de salir. Son los nervios que vale la pena sufrir. Se pasan tantas cosas por la cabeza en ese momento. Me voy a caer. Me voy a morder la lengua. Me voy a olvidar de la letra. Me voy a enredar con un cable. Pero cuando salís al escenario todo está bien. Todo sale perfecto. Y cuando la letra se va de la cabeza, se improvisa.


Emma.
Muy especialmente para Marianne que está por ser mamá.



Romeo y Julieta. Pamela (Prólogo). Marianne (Julieta). Catalina (Ama de Julieta).
La Isla desierta y Un hombre sencible. Ruben (hombre sencible). Federico (mozo).
Catalina(empleada III). Mirna (...). Juanjo (Manuel). Marianne (María). Neliana (empleada I).
Eleonora (Empleada II). Baraci (Empleada I). Nacho (...). Andres(jefe. Empleado II).
La Ronda. Esteban (técnica). Catalina (Prostituta). Federico (Soldado). Barci (Mucama). Andrés (Niño).
Mirna (Señora). Ruben (Esposo). Marianne (Amiguita). Juanjo (Poeta). Neliana (Actriz). Juan (Conde).
Westernd oh!. Jon (Wyatt Earp). Cat (Calamity Jane). Nate (Sitting Bull).
Desayuno durante la noche. Andres (Leopoldo). Mirna (Beatriz). Eleonora (Abuela). Juan (Profesor). Catalina (Marta)

Friday, May 04, 2007

Disculpas

Hace tiempo que quiero subir un post pero no puedo, porque no consigo la foto que quiero. Cuando la cámara tiene pilas no la bajo y cuando no tiene pilas igual me olvido de ella. De todas formas, quiero que sepan: la rambla montevideana es otro ambiente, tendría que tener otro nombre.

Emma.

Wednesday, May 02, 2007

La (maldita) fiesta anual



Otra vez.
Mi cabeza decía “No vayas”. Mis amigos: “dale, vamos”.

De última, la otra acción era irme a casa a hacer nada. Por lo menos, si iba a la fiesta, iba a ver gente.
Tendría que haberle hecho caso a mi cabeza. Sí, siempre. Aunque uno tiende a idealizar las cosas que no pasaron.
Lo único que hizo falta fue mirar a un costado. Allí estaba. ¿Quién era? No sabía. Pero allí estaba.


Emma.

Saturday, April 21, 2007

Zíngaras


Camino rápido, avanzo al borde de la desesperación, esquivo piedras en mi camino. Mi meta: escaparme de las escupidas maliciosas de las gitanas. Una me intercepta y adivina mi pensamiento: “tenés miedo”, me dice. ¡Sí! Pero no lo voy a admitir, así que sonrío tan dulcemente como la ocasión me lo permite y sigo caminando, casi corriendo.
Tal vez será por aquella vez que una familia gitana calló en mi casa en su lujosa camioneta, vendiendo ollas enromes. Todavía usamos la olla de los gitanos para hacer los súper guisos que se manda mi padre. Desde la ropa hasta los nombres llamaron mi atención. Tenía 10 años, tal vez.
Tal vez, también puede ser, porque siempre caen en primavera y acampan frente al liceo. Igual que la vida de un circo, siempre me pregunté que se sentiría ser nómada.
¿Por qué no se hacen intercambios culturales con los gitanos?
El punto es que me llaman la atención. Me interesan. Aunque le hayan sacado quinientos pesos a un amigo leyéndole la mano, aunque cada vez que aparecen dicen que sube la taza de robos. La olla que mi padre les compró todavía sirve.
Emma.