Saturday, June 23, 2007

Nuevo/Viejo

Las cenizas del prócer están adentro del meadero oficial de los sábados de madrugada. El mausoleo está enterrado en el medio de la Plaza Independencia, abierto a todo público durante el día. Una arquitectura elegante, sin demasiados recovecos, en algún tipo de piedra negra. Un par de papás patriotas llevan a su pequeño, de cuatro o cinco años. A ver las cenizas importadas desde Paraguay.

Es difícil intentar imaginar cuántas personas pasan por esa plaza cada día sin ser conscientes de que están caminando sobre el cadáver del prócer uruguayo. Tampoco es probable que se pueda calcular la cantidad de personas que son conscientes de por donde caminan durante la noche, cuando van a bailar a los boliches de la zona. O cuando vuelven. Y se detienen a saludar al monumento porque el baño estaba lleno.

Las únicas personas que hay adentro son dos blandengues haciendo guardia. Vestidos impecables, con cara de sobriedad y en posición de firmes. Tan firmes que dan ganas de hacerles cosquillas. Son como dos estatuas pensantes que no reflejan vida, pero a la vez, mientras se observa la línea de tiempo esculpida en las paredes, se sienten los ojos de esos seres que no se mueven, encima de uno, prontos para gritar un “¡Fuego!” si nos acercamos demasiado a la caja donde están las cenizas.

La estatua está colocada de modo que los ojos severos de Artigas logran ver a todo aquel que llega a la plaza. Es como si estudiara a los nuevos uruguayos: al hombre que toca el violín desafinado, al que limpia las botas, a todos los trajes, corbatas y tacos y paraguas que caminan decididos hacia la puerta que marca el límite. Está entre la civilización de todos los días y la de más allá. La Ciudad Vieja. Es el guardia que tiene la zona comercial de Montevideo.

La puerta de la ciudadela indica el fin del mundo conocido y el comienzo de una mezcla. Lo viejo y lo nuevo se encuentran a espaldas de Artigas. Cuando se cruza la puerta de la ciudadela, los últimos modelos de zapatos pisan los adoquines del año 1800. Un hombre termina su almuerzo corriendo por los adoquines, con la carpeta bajo el brazo. Los vidrios polarizados con marcos de principios del siglo pasado y los relojes antiguos de un edificio que luce un enorme cartel de Se alquila.

Artigas está allí, como permitiendo el paso de todo aquel que sigue de largo a la Ciudad Vieja. Siguiendo a los ilustres orientales acompañado de unas cuantas palomas que se encaran de hacerle compañía y dejarle algún que otro regalito.

6 comments:

MC said...

Es triste admitir esto pero tengo que hacerlo, es un conocimiento que no me puedo guardar... temo herir tus sentimientos frente al procer uruguayo, pero es una verdad. Si la verdad duele no es mi culpa. Acá va: esas cenizas no son todas del procer, averigua cómo las juntaron y de dónde las sacaron!

pUbLiFrEaK said...

Muy bueno el post. Vino por alguna razón en especial?

Salú!

Emma said...

Mc, sinceramente no me importa. Y también lamento admitirlo y herir mi sentido patriótico. Aunque si querés contarme, te escucho (o te leo)
Publi, salió de la última crónica que tuve que escribir para una clase.

Bloody said...

"Querida, sinceramente, me importa un bledo" (Lo que el viento se llevó). Me hiciste acordar con el último comentario, Emma.

Emma said...

Ahhh!! Lo que el viento se llevó!! Me encanta esa peli! Además, esa es una de las frases más famosas de Hollywood. No recuerdo si no es la número uno...

MC said...

Las cenizas fueron tomadas de un lugar en Paraguay donde no sólo estaban los restos del General José Artigas. Gráficamente sería una cosa así: Palita - se junta un montón de cenizas - se meten en una urna - se mandan a Uruguay - Todos contentos!