Sunday, October 25, 2009

Adios Marat!

"La perfección del estilo consiste en que este sea claro sin ser vulgar. (...) Será distinguido y superior al vulgar el que utiliza palabras extrañas. Por extrañas entiendo palabras exóticas, la metáfora, la prolongación y cualquier forma que se aparte del discurso ordinario. (...) Así que la variedad de términos exóticos, metáforas, adornos y demás figuras, evitará que el estilo resulte vulgar y prosaico, mientras que las palabras comunes servirán para la claridad"
Aristóteles, Poética.

Ella solía ser grande. Tenía poderes, aunque la puntuación no fuera exacta y la distracción no le ayudara. Ella tenía la capacidad de crear frases como: "Caminó hasta la puerta de su casa como Dante en el tercer infierno" (cita de cierto profesor) sin que nadie se lo impusiera. Las ideas volaban en su cabeza, susurraban sus oídos, caminaban en los huecos de sus zapatos.
Tenía la capacidad de disfrazar las palabras, de maquillar las metáforas. Podía ponerle máscaras hermosas a las batallas. Ella quería ser revolucionaria. Quería escribir hasta que los callos de sus dedos ya no dolieran, hasta que la cabeza se le secara de ideas y no quedara ni una pequeña servilleta libre de letras.
Pero le gustaba leer La Ilíada, el ballet y el cine clásico. Ella no tenía alma de Bukowski, el neorrealismo no llenaba su alma ni consideraba que el socialismo fuera la solución justa. Se aceptó: clásica, poco metódica, desordenada y ciclotímica.
Entonces descubrió que ya no tenía el don. Que su mala puntuación y pésima ortografía habían ganado la partida. No importaba la pasión, ni la decisión. Se había decidido que ella no valía la pena y, aunque llorara a mares, ninguna frase exótica, ningún símil interesante. Frases comunes, sin magia, sin encanto. Sin necesidad de ser leídas.

Una lanza atravesó su talón.

Saturday, October 10, 2009

Dicha

"Escribir debería ser una aventura rodeada de misterio e incertidumbre..."
Syd Field

Thursday, October 08, 2009

Soy


De repente descubrí que sus frases extrañas me sonaban sin sentido en lugar de inteligentes o superiores. De repente me di cuenta de que no estaba frente a un prodigio, sino frente a alguien que se tiene a sí mismo en un concepto demasiado alto. Una promesa de capacidad sin cumplir.

Leer tres libros no te hacen a una persona superior. A menos que esos tres argumentos se encuentren en el día a día. No digo que yo sea superior, porque miro tres películas y tengo el mismo problema.

Esas palabras que solían dejarme muda, sin poder unir dos frases de mediana mediocridad (que era lo más que podía aspirar) ahora me hacen reír. Yo soy más. Y no necesito demostrarlo.

Monday, September 14, 2009

Cocina: primeros encuentros


Hay personas a las que les gusta cocinar. Y hay otras a las que no. Yo entro en la segunda categoría. Aunque por costumbre se le va encontrando el gusto y es cierto que entre cocinar y lavar prefiero toda la vida cocinar, sigo sin ser fanática de la sartén. Soy la típica mala mujer que pone una torta en el horno y se acuerda que lo hizo cuando siente olor a quemado.

Safé de cocinar mientras vivía con mis padres, pero al venir a estudiar a Montevideo la suerte cambió. De pronto me vi ante la comida congelada o pasteles comprados con asqueroso sabor a plástico quemado. Era o la cocina o la desnutrición. Y me gusta bastante comer, así que me arriesgué a poner agua en la olla.

Me acuerdo que era junio. Había aguantado comiendo tomate y panchos hasta ese mes. El arroz nunca me quedó bien en el primer año de facultad: o le metía demasiada agua o no le metía suficiente. Mis amigas se reían de mi (¡Cómo no vas a poder hacer arroz! ¡Arroz, lo más básico!). Yo las dejaba reírse, sabía que era un desastre y los desastres siempre son graciosos.

Pero ese junio tenía ganas de comer fideos. Si hay algo más básico que el arroz son los fideos. Esa bolsa con moñitas amarillas que nunca se vencen y que nos quitan de todo tipo de apuros. Por supuesto que yo no sabía cocinar fideos. Y en el MSN no había ninguna amiga.

Pero estaba mi padre.

"Papá, ¿cómo hago fideos?". Risas, por supuesto. Cuando comprendió que yo no bromeaba (que REALMENTE no tenía idea si tenía que poner los cositos amarillos cuando el agua hiriviera o si tenía que ponerlos con el agua fría y esperar a que hiriviera) comenzó a tirarme la información por cuotas.

Yo corría de la cocina a la computadora. Leía un poco de información y volvía a revolver. Y volvía a poner la sala. El aceite. A probarlos: no entendía cómo me iba a dar cuenta que estaban prontos. Hasta que los pude sacar. No tenía queso rayado. Corrí hasta el almacén de la esquina, compré queso y un huevo, que papá me dijo que quedaba bien. Lo que papá no me dijo fue que el huevo era demasiado grande para mi pequeña proción de fideos con queso.

Almorcé mi propia comida. Más que nada porque tenía hambre y no había nada más. Pero era mía, la había hecho YO. No importaba que hubieran quedado crudos ni el huevo de más ni nada. Eran míos. ¡Y había decidido que el arroz tampoco me iba a ganar!




Friday, July 31, 2009

Resacas de noche en vela


1. Los dienes marrones de tanto tomar café. No hay Colgate "Triple efecto" que limpie los restos de café.
2. El brazo derecho tenso y con dolor de tanto tachar borradores, de corregir nombres, de agregar puntos y de quitar comas.
3. En la lista de reproducción sólo hay canciones movidas: rock n' roll y pop. De lo más oldie a lo último. Cher, Roxette y Sophie Ellis Bextor me acompañaron toda la noche.
4. La crema de limpieza para sacar el corrector de ojeras.

La doncella y la muerte, de E. Much.

Wednesday, July 15, 2009

Dumbo

Hacía calor. Mucho calor. Pero era el día X y el resto no importaba. Dumbo y su dueña llegaron puntuales al lugar de encuentro: a treinta cuadras de mi casa, que las tuve que caminar, porque ningún taxi acepta invitados caninos. Paso a paso con un perro que nunca había visto un semáforo y marcaba terreno en cada árbol y columna que veía. Después, otra vez las treinta cuadras de ida hasta la locación. Lo conseguí gracias a la prima de la prima de una prima que fue muy amable al confiarnos al perro de su hijo a mí y en el resto del equipo.

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Dumbo es un basset hound, un perro pesado y haragán, que le cuelgan las orejas y lleva el hocico siempre contra el piso. No ve más allá de sus narices, tal vez por eso dejaba su rastro en cada arbolito del camino. Y en la pared de la casa de Nanda, donde íbamos a rodar el cortometraje. Pero fue la única vez, después siempre pidió: olía la puerta, metía el hocico en el ascensor o se ponía a correr como loco. Era bastante divertido verlo correr, porque se tropezaba con las orejas.

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Buscando m&m recorrimos todo un barrio de Montevideo. Mi amiga y yo nos turnábamos la correa. Esa correa que se soltó en pleno 18 de julio y casi termina en tragedia. Pero los reflejos de Magu son gigantes. De a ratos cinchábamos las dos juntas para mover al perro de los postes y sonreíamos cuando los peatones paraban para decirnos ¡Qué hermoso perro! Sí, un hermoso perro cansado de tanto caminar y que necesitaba agua para seguir marcando su mundo.

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Su papel era sencillo: tenía que poner cara de aburrido y hambriento, quedarse quieto y comerse a un pollo. Lo del pollo lo arreglamos con efectos y cortes, pero en su lugar comió varias papas fritas y mucho chocolate. Pasó de mano en mano, entre los directores, las actrices, las chicas de arte y las mías. Todos hacíamos lo que estaba en nuestro alcance para meter al perro en su personaje. Con más o con menos éxito, logramos que pusiera cara de pena y cara de contento.

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Dumbo consiguió su cometido. Al final del día consiguió entrar en el alma de un actor famoso y se puso gruñón. Salió fotogénico, con algunos errores de continuidad y comió mucho durante todo el día: comida para perros, nada; chocolates, muchos.

Thursday, July 02, 2009

Cita


"El amor es la única forma de salir de la mierda"

Amaya.