Blade Runner
1982, Ridley Scott.
Harrison Ford, Sean Young,
Daryl Hannah, Rutger Hauer, etc.
Drama, Ciencia Ficción.
“Todos los recuerdos se perderán en el tiempo, como las lágrimas en la lluvia”
Roy (Rutger Hauer)
Buscaba al creador porque quería más tiempo de vida. No para él mismo, sino para ella. Era una máquina de carne, huesos y sangre, capaz de llorar, amar, desear, sufrir. Vivían apaciblemente en esa sociedad pestilente, soportando lluvias ácidas, noche constante y la mugre típica de las grandes ciudades multiplicada por mucho. Se revelaban cuando descubrían lo que eran: un experimento científico, un juguete.
En su cara, el creador le dijo que no podía darle más vida: había sido construido para nacer y morir, y lo haría en el momento indicado.
Eso somos: máquinas con alma. Nos crearon para sentir y morir. No sabemos cuando se nos va a acabar el tiempo, pero si lo supiéramos, ¿No pediríamos más?
Solo somos un grano más de arena en el desierto. Un grano que se reproduce. ¿Qué importa si uno muere? Otro va a nacer. Para el mundo en general, no somos nada. Nuestra presencia aquí es finita. (Haciendo referencia a otra película, Tetis se lo dice a Aquiles en Troya antes de que él decida ir a la guerra o no: Si no va a la guerra, Aquiles vivirá muchos años, tendrá esposa, y descendencia. Lo recordarán sus hijos, sus nietos, pero luego su nombre quedará olvidado. Si va a esa guerra, va a morir, pero la gloria de su nombre será eterna).
“Ahora sabes lo que es vivir con miedo”, dijo Roy. Miedo porque sabe que va a morir. Todos sabemos que eso va a pasar, no es necesario que nos tiren las cartas o nos lean las manos para saber que más tarde o más temprano la muerte nos va a llevar. Lo que no sabemos es cuando. Y eso, en lugar de ser aterrador, es lo que nos permite relajarnos, no pensar constantemente en eso. De otra forma, aunque respirando, estaríamos muertos, porque no viviríamos la vida. Pero cuando sentimos peligro, ¿No sentimos miedo?
Blade Runner nos muestra la mayor batalla que el hombre tiene que pelear y no puede ganar: la muerte. Y cuando ella llegue, ni siquiera el creador nos podrá salvar.
“¿Qué dios después de Dios la trama empieza?”
Ajedrez II. J. L. Borges.