
¿DÓNDE ESTÁAAAAAAAAAAAAAAAAAAS?
Quiero no estar sola.
Andar en el cuatriciclo, ver a Juno, bajar a la playa con Nike y Ludovika. 
l idiota ese lo que me pasa.
s.












El profesor de filosofía
(Historiografía personal)
Primer día en cuarto año. Quince años. Ganas de tirarnos en la playa en lugar de estar en el liceo. Los pasillos eran un bullicio: carreras, gritos, cantos. Nadie quería entrar a clase, pero a medida que los profesores iban llegando, no quedaba más remedio.
Hasta que sólo quedó un grupo afuera. Conversaban y cantaban entre ellos, parados en la puerta del salón.
Entonces apareció caminando por el corredor: pantalones ajados, una remera que no conocía la plancha y el pelo más enmarañado que el de un chimpancé. Caminaba con pasos largos y brutos, tenía las cejas tan espesas que parecía severo, enojado. Se paró delante de la puerta, miró hacia abajo y metió un dedo entero por uno de los agujeros de la remera. Abrió la puerta y entró a la clase.
Tuvo paciencia, esperó a que todos se sentaran y comenzaran a divagar sobre este tipo que, se suponía, iba a enseñar filosofía. “Mi nombre es Martín”, dijo con voz áspera y fuerte.
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La materia se disfrutó y fue bastante educativa, no sé si tanto en filosofía, pero salí de cuarto de liceo sabiendo tomar tequila y conociendo los grupos de música del sesenta y setenta. Además también el mito de prometeo que lo dimos cuando fue la directora a la clase.
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Primer día de sexto de derecho. Los niños de cuarto de liceo que les habían sancionado el decorado de la ventana del día de la primavera (eso merece otro post) eran personas casi maduras (muy casi), decididas y con ganas de discutir.
Todos los grupos entraron a los salones, pero ellos no, seguían en el pasillo conversando. El profesor no aparecía.
– ¿Te acordás cuando nos pasó esto en cuarto? –comentó Fico a un grupo de personas que estuvieron con él todos los años de liceo.
– Si. Y llegó Martín –comentó Emma.
Martín, el profesor de filosofía, al que habían denunciado por pegarle a un alumno, al que habían acompañado a la playa a fumar cosas que mejor no nombro para evitar problemas, aquella persona que había hecho que Emma se subiera a un banco a cantar (y los dos compañeros que estaban al lado corrieran despavoridos).
Y llegó Martín, el profesor de filosofía. Otra vez. Entró a la clase, esperó a que todos nos sentáramos y él fue a la ventana. "Mi nombre es Martín. Algunos de ustedes ya me conocen", dijo.
s
Ese año enseñó filosofía.


Emma.
Le gusta ir a la moda, salir con las amigas y la música. Los hermanos mayores estamos para facilitarles el camino a los que vienen atrás. No sé de qué forma lo pude haber hecho con ella, porque, aunque dicen que somos parecidas, no tenemos nada más que la genética en común.Mis hermanitos cuando de verdad eran "itos"

Con aquel mundo en la cabeza volví a mi vida de ser la mayor, la responsable. Y de alguna forma, casi sin darme cuenta, llegó otro hermano. Más alto de lo normal, más alérgico que cualquier persona que conociera, con más entusiasmo de lo estándar. Lo único que sabía decir en español era algo acerca de la cena y nunca entendía los chistes.Emma