Wednesday, June 10, 2009

Crisis otra vez


-Ya sé que no te gusta como escribo. Pero ahora nada más tengo que salvar el curso, ¿si? No me voy a dedicar a eso y punto. Así que no me jodas más.

-¿Y qué vas a hacer?

Mira al techo buscando la forma de morderse los labios y no ser grosera. Pero fracasa en el intento.

-No te importa.

Tuesday, June 09, 2009

Sobre la política

Sobre la izquierda

Se denomina izquierda porque los que se identificaban con estos ideales estaban sentados a la izquierda en el parlamento de la República francesa (durante la revolución). En teoría todas estas ideas me parecen buenas. Me encantan las ideas de igualdad tanto política, social como económicamente. Lo que las teorías de izquierda pasan por alto es que el ser humano no es como los demás animales: todos tienen necesidades y deseos diferentes, entonces buscan formas distintas de cumplirlos. Si bien el fin último de todos es ser felices, esa felicidad representa diferentes cosas para cada uno. Eso es lo que las teorías de izquierda no contemplan. Y, básicamente, por eso no estoy de acuerdo.

Además, en un momento fuimos todos iguales. Al principio de la historia ningún hombre o “pre-hombre” tenía nada. Y, básicamente, la monarquía en su primera instancia se basaba en el respeto y en que cada cual haga lo que le toca, sin embargo, hoy es muy criticado. No era perfecto, por supuesto, pero nada de lo que haga el hombre puede serlo, porque el hombre es un ser imperfecto. Algunas cosas se pueden acercar o alejar a esa perfección, pero nada más.

Sobre la monarquía

Entonces, la monarquía en su primer momento con sus 3 estados: el clero, no podía faltar. La nobleza lo que hacía era defender su territorio. Cada noble tenía algo a su cuidado, por ejemplo, los marqueses dividían territorios. Ellos eran los que peleaban en las guerras y defendían a sus siervos. Ese Tercer estado gozaba de la seguridad del noble, la cual pagaba con trabajo.

Mentira que no se podía cambiar de clase social. Era difícil, mucho más difícil que hoy. Un siervo no podía ser noble. Pero su hijo podía ser caballero, si era uno muy bueno incluso podía ser nombrado “baronet” y comenzar a integrar la nobleza, porque ese es un título heredable, el más bajo, pero nobiliario al fin.

Sobre las revoluciones

Lo del Rey como colocado por Dios fueron locuras de Luis XIV que a muchos se les dio por seguir. Y así terminaron: en revolución. Todo lo que la monarquía había conseguido en XVIII siglos, desapareció en uno. Con Madame le guillotine de la mano, los ciudadanos hicieron correr a todos los perfumados franceses a Inglaterra. Los que conservaban la cabeza.


Sobre la Madre Rusia y los hermanos de la patria franceses

Pueden agradecerle los rusos a Catalina II todo su territorio. Después vengan los machistas a dar perorata: ella conquistó con tratados y guerras más que cualquier otro Zar antes. Y ni siquiera era rusa de nacimiento.

Ahora, la revolución rusa me encanta. Al igual que la francesa. No me hallo en el pensamiento político de ninguna de las dos. Sin embargo, la cantidad de sangre derramada en la francesa capta mi atención. Y la rusa me encanta porque me sorprende de qué forma estas personas fueron capaces de salir de algo malo para meterse en algo peor (la URSS). Y luego salieron de la URSS, ¡para estar igual de perdidos!

Las dos revoluciones comenzaron de la misma forma: con la banca rota. En una se culpa a María Antonieta, en la otra a Alexandra. ¿Será o la historia estaba escrita por hombres? Desde tiempos ancestrales las mujeres nos quedamos con la peor parte: Pandora abre la caja que trae todos los males al mundo y Eva tienta a Adán para que pruebe la manzana.

Una terminó con Lenin y su plan para el desarrollo. Luego dos más, luego Stalin que llevó a la URSS a ser potencia mundial a causa del hambre de su pueblo, luego Kruschev, que fue más humanista pero casi funde el Imperio. La otra con el Directorio, luego con Napoleón, luego que sacaron a Napoleón, él volvió, y lo volvieron a sacar.

Sobre el Imperio donde nunca se pone el sol

A todo esto, me gustaría resaltar la inteligencia de Su majestad Inglaterra. Los puntuales, astutos y traicioner

os ingleses que gobernaron la mitad del mundo hasta que su hijo, Estados Unidos, lo destronó. Gobernaron el mundo con perfil bajo. Después de todo, cuando se nombra a los locos que trataron de conquistar el mundo, los que se llevan el genérico son: Hitler (primero porque lo intentó hace menos tiempo) y Napoleón. Alejandro Magno y Julio César no se cuenta porque a esta altura son grandes héroes de la historia antigua. Sin embargo, Inglaterra, jugando de callado, se ganó al mundo. Un ejemplo claro es que gracias a ellos debemos nuestra independencia: un país pequeño, insignificante para la historia de esta potencia ganó su nombre gracias a los intereses económicos de Inglaterra.

Su antiguo régimen monárquico se actualizó cuando fue necesario: la revolución silenciosa y sin sangre, para contrarrestar con los del otro lado del Canal de la Mancha. Su reina figura y una familia real que es farándula para algunas revistas. Y, cuando fue necesario, los anti-monárquicos llegaron al poder.

¿Todos contentos? Por supuesto que no. Qué mundo tan aburrido tendríamos si todos estuviéramos de acuerdo.

Friday, June 05, 2009

Los fines de semana


Ropa de dormir, un rodete apurado y pantuflas. A un costado están las mil tazas con restos de café que fui acumulando desde el día anterior. Y mis dedos que se mueven sobre el teclado. A veces se detienen, piensan un poco y continúan.

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Qué lindos son los fines de semana sin despertador ni apuro. A veces caigo con los arrolladitos primavera de la feria, otras sólo me alimento a café y galletitas.

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Están aquellos “móviles” que empiezan los jueves en un boliche, los vienes en otros, los sábados no se pueden quedar quietos y los domingos, destruida. También existen los “quietos” donde se duerme hasta el mediodía los dos días y como conclusión lógica, se pasa con sueño el resto del día.

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Pero también existen los del tercer tipo. A mi entender (y tal vez sea sólo a mi entender) los mejores. Son aquellos en los que, aunque no ponga despertador, una idea me saca de la cama y me sienta en la computadora. Cuando me paso todo el día desarrollando historias, creando mundos. Me tranco con mis propias palabras y no encuentro solución.

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Entonces mis amigos me llaman y después de decirme unas cuantas cosas porque preferí quedarme encerrada, me invitan a salir. Y vamos a tomar mate por ahí, tranquilos, a conversar de temas nada importantes. A alguno se le ocurre juntarnos a cenar. Entonces vuelvo a casa de madrugada, con la cabeza llena de ideas vírgenes y jugosas que desean llegar a la hoja para decorar mis páginas con imágenes.

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Cuando ellos entienden que si me quedo mirando a la nada me tienen que sacudir un poco para que vuelva al mundo real y no pierden más tiempo que ese en regañarme. Cuando leen las cosas que escribo y lloran, echan al resto de las personas la computadora o entran en ataques histéricos para que los dejen terminar de leer tranquilos.

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Los mejores y peores jueces son las personas que nos quieren y queremos. Con los que compartimos historias que influyen en las que se ponen en el papel. Los que tachan con tinta roja y dicen que no valen la pena y también los que le dan un beso con labial.




Monday, May 25, 2009

Las ideas y las palabras pueden cambiar al mundo

"No leemos ni escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor, son las cosas que nos mantienen vivos".
La sociedad de los poetas muertos.


Los de comunicación somos la risa de las otras facultades: los que miramos películas, los que tenemos que grabar en radio, los que escribimos todo el tiempo. A nosotros nadie nos toma en serio, nos distinguen por la ropa: ¿no usa pantalón de vestir? ¡Comunicación! ¿Tiene un gorro de lana? ¡Comunicación!

Pero la verdad es que somos los únicos que reímos todo el tiempo. Nada más hay que entrar en la cafetería en plenos parciales para darse cuenta (más allá de los pantalones de vestir) que somos los de comunicación. No tiene nada que ver con la (supuesta) falta de exigencia, porque, puedo asegurar, que no es así. He pasado hasta tres noches seguidas en vela haciendo trabajos para entregar y estudiar para un parcial me consume días enteros. Supongo que lo de las risas en la cafetería tiene que ver con un tema de gusto: el que estudia comunicación lo hace porque le gusta.

Algunos quieren buscar la verdad, otros inventar un mundo mejor, algunos locos piensan en cómo vender más productos innecesario y también están los que siguen a los políticos a diestras y siniestras. Si bien a todos nos gustaría que se nos prendiera la lamparita y llegara una idea genial que nos haga millonarios, si estudiamos comunicación es porque no nos motiva el dinero. Amamos lo que estudiamos, por eso sonreímos.

No importan las 14 películas que me tuve que ver en dos días ni las noches en vela ni las pasantías mal pagadas. Por eso también es que cuando llega un tipo y nos cuenta que su único incentivo para poner una empresa de cultura fue hacer plata, todos nosotros rechinamos los dientes. Sabemos que lo fundamental en la empresa es la rentabilidad, pero tiene que haber algo más profundo, decimos.

Es cierto que el mundo no necesita sobre poblarse de comunicadores mal pagados, con ideas locas, muchas poco realizables y ciclotimia. Somos pocos, pero tenemos que ser buenos. ¿Por qué? Bueno, ¿Qué hace el abogado cuando sale del escritorio? ¿O el contador cuando cierra la oficina? ¿A dónde llevan las madres a los niños los fines de semana largos? Van al cine, prenden la tv, leen un diario, un libro. Deciden el voto, compran una marca o la otra. Los contadores, médicos y abogados tendrían que agradecernos la libertad de sus momentos libres. Es gracias a nosotros que logran realmente salir de la oficina, fumarse un pucho (de tal o cual marca), tomarse una copa (de tal o cual cava).

Pero nosotros no exigimos nada, porque, en realidad, no lo hacemos por ellos: lo hacemos por nosotros, porque nos gusta, nos divierte y nos deja vivir. Así que, futuros ingenieros y contadores: ríanse de mí al menos yo soy feliz con los parciales.
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Especialmente dedicado a mi prima postiza y a mi hermano menor. Con cariño, sí, y por todas las horas del verano que me quemaron la cabeza en lugar de dejarme leer tranquila "GUIÓN", de Robert McKee. Los quiero.

Thursday, May 21, 2009

La buena nota


Todos queremos esos profesores que salen en las películas: de los que inyectan valor y sacan lo mejor de nosotros. Los necesitamos, de otra manera, no seguirían escribiendo sobre ellos. Pero también están los otros. Los que arrasan con las ilusiones, que le ponen punto final a los sueños y nos cortan las alas. Los sabelotodos convencidos de que conocen la verdad universal.

Me tocaron los dos tipos de profesores. Como buena ciclotímica, los dos que más influyeron en mí durante la facultad pertenecen uno a cada extremo. Lo malo de ver las dos caras de una moneda es que me tocó el lado positivo al principio y el que mata al final.

Amaya incrementó mi amor por la literatura. Logró pulir a la escritora miedosa y disléxico que tenía encerrada. No siempre con buenas notas, menos con buenas críticas, pero siempre y sin condición con simpatía, siempre con sus explicaciones de por qué esto y por qué aquello. Sus sabias palabras sobre cosas triviales me acompañarán por siempre: cantar a gritos y desafinando cuando se está cansada; baño de agua fría para los enojos; el amor es la única forma de salir de la mierda. Gracias a ella y a nadie más me tengo confianza con los textos: me gusta escribir, a prueba está este blog.

Él, en cambio, es ajeno al mundo. No le gusta que lo toquen, ni que lo contradigan y hay algunas preguntas que se vuelven incómodas. Es un tipo al que la soberbia le gana a la inteligencia. De los que saben mucho pero se hacen querer poco. Confunden respeto con imposición y el sentimiento de régimen fascista en su clase es general. Así y todo lo quería. Como profesor, se entiende. Discutía con quien hiciera falta por defenderlo, por demostrar que él tenía razón. Y la tenía. En cada corrección, en cada mala nota están reflejadas sus dos características: inteligencia y soberbia. Faltan las felicitaciones, las sonrisas, las palmadas en la espalda. A veces el extravío es tan grande que con sólo mirarlo me dan ganas de luchar por ser mejor. Otras necesito darle una buena cachetada. Nunca lo consigo, por supuesto. ¿Qué sentido tendría conseguir, al fin, un aliento de ánimo antes de fin de año? Cada vez que salgo de la clase me pregunto qué hago en esa materia, ¡por qué no dejo esa materia! Y antes de querer acordar me encuentro, otra vez, repitiéndome que no voy a dejar que este tipo decida sobre mi vida.

Será cierto que escribo horrible, será también que no valgo la pena. Pero la opinión egocéntrica y negativa de él cada vez cuenta menos.

Tuesday, May 19, 2009

Tareas poco productivas


Lo que más me gusta del frío son esos pocos momentos en los que puedo desparramarme en el sillón de la casa de mis padres y perder horas haciendo cosas poco productivas, como dejar que el fuego me hipnotice o mirar la mancha de humedad sobre la puerta. Café caliente en la mesita y una frazada.

Pero hay veces que es diferente. No pierdo el tiempo, sino que lo invierto. Miro películas, canto (horrible) con Judy Garland y dejo que Greta Garbo me haga llorar. Los libros buenos (y otros que no lo son tanto) me atrapan, me llevan a otro mundo. Camino por la muralla China con Kapuscinski, difiero como Bruno y Michel, y espero, paciente, como Ann Elliot.

El mundo pasa y yo lo analizo debajo de mi frazada. Analizo demasiado, quizás. Cuando no consigo las respuestas, las invento y surge una nueva historia. Otra manera de asustar a mis amigos, otra razón para saber que mi cabeza está en las nubes, que lucho por dejar los pies en la tierra.

Es difícil dejarse volar cuando al lado hay personas enterradas. No está bueno ser una soñadora cuando la física demuestra la posibilidad o imposibilidad de las cosas. Tal vez sea cierto que la matemática lo prueba todo, pero no necesito todas las respuestas, sino ¿qué espacio queda para la imaginación? ¿Dónde entra la mentira?

Monday, April 27, 2009

Caótica

Me gusta llorar. A gritos. Dormir con un rollo de papel higiénico en la mesa de luz, con una botellita de agua en el piso.
Me gusta coleccionar películas, conocer directores nuevos, de esos que no entiendo. Me gusta aparecer en el video club y pedir títulos extraños, tratar de juntar valor para ver películas francesas. Juntarme con mis amigas a pasar horas hablando de cosas sin sentido en lugar de cumplir con el seminario. Me gusta el cine, desde el mudo hasta el 3D. Y todo lo que eso significa. Me gusta el arte, pero no creo en la anarquía.
Me gusta escribir, aunque sea caótica y algunos piensen que necesito más talleres de escritura. Me gusta leer, pero no en voz alta.
Me gusta hablar de él. Pensar en él. Soñar sin él. Me gusta que mis amigas hablen mal de él. Pelearme por él. Saber que puedo vivir sin él. Me gusta ser yo, aunque no sé muy bien como soy.
Me gusta discutir con un profesor, saber que no le puedo ganar pero que lo intento.

Thursday, March 05, 2009

Crisis

En momentos de crísis se renueva el espíritu humano.

Saturday, January 31, 2009

Complicaciones


“Si vos sos Roma, entonces sí, todos los caminos conducen a Roma”.

Odio a la gente que sonríe. Y a los enamorados abrazados. Los días lindos de verano, la sequía, el calor, el ocio. Me molesta su ausencia. Sus mensajes de disculpa, su voz con sarna y su sonrisa inocente. Odio estar con gente y sentirme sola, pensar que vale la pena luchar por cosas imposibles.

Por las cosas imposibles es por las que vale la pena luchar, me dice.

Sí. Cuando me convenzo de que hay que seguir al corazón y no a la cabeza, cuando sigo a todas las canciones que claman por la libertad, cuando decido que la vida es suficientemente aburrida para que yo no haga nada para evitarlo.

Mi vida no es aburrida, me dice.

La mía tampoco. Pero porque logro evitarlo. Porque tengo amigos, tengo familia. También tengo su ausencia, sus cuentos despreocupados al pedir disculpas, su impermeabilidad. A mí me decían roquita: nada te afecta. Ay, todo afecta a las rocas. Hasta que él me dijo: “los artistas sienten más”.

Pero lo echaste, me recuerda.

Porque no quería sentir por él. Perder el tiempo no está en mi. El camino está lleno de roquitas que se dejan modificar por la naturaleza. La naturaleza es sabia, yo no.

Friday, December 19, 2008

Vicios III


Dos noches sin dormir. Dos exámenes de por medio. El fin se siente lejano: parece que el 30 nunca va a llegar. Existe un único tema de conversación: el cine. Con sus sub géneros.

Nombres como F.F. Coppola, Jean Luc Godard o Edwin Porter me tienen pasada. Soy capaz de decir qué hizo cada quién hasta de modo mecánico. También me acuerdo los nombres de los 10 dirigentes que tuvo la URSS, pero el profesor consideró que no era necesario en un examen de cine.

¿Y mañana? Examen de cine.

¿Y pasad0? ver películas para examen de cine.

¿Y después? Me tiro en la arena a la sombra de un árbol y apago el celular.

Análisis de guión/ lenguaje de cine/ producción de cine.

¿Cómo puede ser que todavía me guste? ¡Es más! que disfrute mis noches en vela por causa del cine.

Tuesday, December 16, 2008

Bolas de plata

Mis padres cumplen las "Bolas de plata".
Felicitaciones.

Friday, December 05, 2008

Eli Wallach

Llegué a un nuevo hogar con siete gatos, cinco de los cuales nunca salía de la casa, un perro (que en la mitad del invierno empezó a apestar a gato), un par de pececitos y un caballo que se llamaba Tuco. Cuando me dijeron el nombre me reí y pensé en fideos, pero mi nueva madre me dijo que era un “homenaje” a El bueno, el malo y el feo (1966). Hasta hace poco era mi western preferido (y el único que me gustaba), aunque Tuco, sinceramente, pasaba tranquilo por un costado sobre el inexpresivo Blondie.

Unas líneas de la película El descanso (2006) hicieron que empatizara más con la mitad de la historia donde no estaba Jude Law (en Blondie de esta historia), sino con la de la inglesa experta en amores no correspondidos y el guionista retirado. “En las películas tenemos a la ‘primera dama’ y a la ‘mejor amiga’. Tu, yo te lo puedo decir, eres una primera dama, sin embargo siempre te comportas como una mejor amiga”.

Tuesday, December 02, 2008

De estudiantes

¿Por qué cuando se llega el período de exámenes a todos los estudiates se nos da por ordenar?

Friday, November 28, 2008

Cuestión de generaciones


Robin Hood, 1973

Wolfgang Reitherman

Guionistas: Larry Clemmons, Ken Anderson

Walt Disney Productions

Cuando éramos chicos mi mamá nos regaló (a mi hermano y a mi) un video con dos películas de dibujitos: Robin Hood y Peter Pan. Nos molestaba muchas veces tener que adelantar todo Robin Hood para poder llegar a la isla de Nunca Jamás. Cuando nos disponíamos a verla entera mi hermano siempre se reía cuando llegaba la parte de los títeres: los bandoleros improvisaban una obra de títeres con el príncipe Juan y su amigo la serpiente. "¡Que viva el rey Pelele!", gritaban, y mi hermano se reía.

Hace poco mi bolsillo hizo un gran esfuerzo para poder regalarle esas películas a un par de primitos celosos porque llegaba otro hermano. La primera vez la miré con ellos. Cuando llegó la parte de los títeres los dos chiquitos se rieron con El rey Pelele. Mi hermano empieza la facultad el año que viene, igual se ríe del chiste.

Tuesday, November 11, 2008

Luz, cámara


Hace un par de días ayudé a crear un mundo. María lo pensó, lo sufrió y lo plasmó en papel. Ella imaginó un lugar donde su historia se pudiera realizar. Después, ese ideal se volvió realidad.

Quince horas parada atrás de una cámara, mirando por la pantalla, dando indicaciones de más calor, menos intensidad, no me gusta. Ella, nuestra invitada de honor, corriendo para todos lados, armando y buscando para complacerme. Él, nuestro invitado de honor, se sentaba y miraba la transición. Me retó cada vez que fue necesaria y yo se lo agradecí. Al primer momento decidí dejar las cosas claras. Se paró al lado mío y me dijo una frase incomprensible, pero en español. “Mira, lo único que yo sé de cine es guión”, le dije. Sonrió –no sin dolor, por cierto, al comprender en dónde se había metido– y me volvió a explicar.

Afuera la fiesta: comida, risas y charlas. Adentro, también: luz, cámara, acción. Error, corten, rec. Pasa perro ladrando. Corten. Rec. Pasa camión de supergas. Corten. Rec. Error en diálogos. Corten. Rec. Entró micrófono. “¿Entró el micrófono o cambiaste el plano?”, pregunta. “Cambié el plano. Dije ‘entró el micrófono’, no de quién fue la culpa”.

Corten. “¡De ahora en más los únicos que pueden decir Corten somos María y yo!, ¿Te queda claro?”. Se va casi corriendo. Entonces llega ella, que con toda la ilusión de su mundo me pide que no me estrese. No lo hago, al contrario, ya extrañaba esos gritos.
Lo inefable de María Rama.
Filmado el 08-11-08

Wednesday, October 22, 2008

Pasantía go home

Mientras estaba en la facultad, discutiendo con las computadoras para que vayan más ligero, se me ocurrían mil cosas para defenderme contra el sereno que no cambiaba el discurso: “A las 22:30 tengo orden de que no haya nadie en la facultad”. ¡Vaya, señor! Las noches que hemos mutado comiendo de La Pasiva o Mc Donalds haciendo trabajo ahí adentro.

-¿El otro sereno qué días está? –pregunté. Mi madre no tiene razón cada vez que dice que con una sonrisa se consigue el mundo. O tal vez es mi sonrisa.
- Hoy no viene, los miércoles estoy yo –me di cuenta que hoy no iba, con sólo vero a él, igual. Así que los miércoles es el día de gruñón. Cuando me fui le agradecí por su paciencia (sin ironía, lo juro) –Pero mire, señorita, que no puede haber una próxima vez.
- No se preocupe, no va a haber una “próxima vez” un miércoles.

Me fui sonriendo a atravesar el Parque de los Aliados a las once de la noche.

41 videitos en dos días. Soy feliz.

Wednesday, October 15, 2008

Cuaderno del terror


Que aún, con (casi) 22 años, tengo diario íntimo no es secreto de Estado. Lo sabe hasta la mujer de la librería de la esquina. Al término “Cuaderno del terror” lo comenzó a usar mi ex psicóloga cuando vio que en mi cuadernito pegaba fotos de todo el mundo y hablaba demasiado de gente que no tendría que hablar. Pero conservar el vicio con la cabeza en alto es complicado. Tres veces estuve en rehabilitación; pero cada vez sufrí una recaída. Y cada vez fue peor.

La primera vez duró un mes. Fue el tiempo entre que terminé un cuaderno que había empezado en segundo de liceo (ese año estaba en mitad de sexto) y mi hermana me dio a elegir: o uno de Mambrú (de Pop Stara, Argentina) o uno de Minnie Mouse. La decisión no fue tan complicada y me adueñé de la ratona de Disney. Entre medio yo deliraba por complicaciones inventadas con Fico, persona con la que sólo compartía horas. Diferentes ideales, diferentes expectativas de la vida, misma clase, mismos grupos de teatro: de mañana yo lo mataba, de noche él me dejaba. Y el estrés del asunto me empezó a gustar. Yo y mis complicaciones le agradecieron al carácter pesado de mi hermana que me sentó y no me dejó ir hasta que no elegí a Minnie.

La segunda vez fue un poco más larga. En medio de un lugar extraño se me dio por empezar a escribir un guión. No tenía idea de cómo se había, pero probaba suerte. La historia estaba buena, hablaba de amor y reencuentro, ¿Qué más quería yo, del otro lado del mundo, que volver a verlo a él? Creo que desde ese momento perdí el espíritu romántico. Volcando emociones por ese lado, dejé mi diario.

Hasta que el arte me invadió los sentidos (ay, qué cursi). Pero fue literal: en un museo de arte. Entre tantos cuadros, muebles y esculturas tuve que sentarme tranquila para pensar. Entrar a la cafetería no ayudó, había gente. Gente por todos lados, haciendo cola, comiendo, hablando. Había barullo, había… bueno, había gente. En un rincón perdido del museo estaba la extensión del paraíso. Chiquito, el techo era una cúpula de vidrio, había algunas plantas, las mesas de hierro y el quiosco con cualquier tipo de café. Ideas sobre mi vida y mi vuelta comenzaron a fluir. Escribir con pluma y en un cuaderno que tiene un dibujo chino también inspira.

La tercera vez fue un año. Cuando empecé la facultad me dije que estaba grande para los diarios íntimos. Una amiga (ex amiga) me ayudó a decidirme: cada vez que hacía un comentario al respecto me miraba con cara de tarada. Así que me compré una agenda para afrontar el año y nada más. No pensaba ceder bajo ningún tipo de necesidad. Terminé escribiendo en cualquier hoja de cuadernola (que después perdí y me quise matar) o haciendo documentos largísimos en la computadora. Tanto “nada más” que cuando terminó el año y volví a la casa de mis padres empecé a pelearme con todo el mundo, a enojarme conmigo. Corrí (a toda velocidad) a una librería. Me encerré en mi cuarto y comencé a escribir un discurso de inauguración, ¿Por qué? No sé, porque se me ocurrió. Y cuando lo terminé comencé a dar vueltas sobre mí misma. Volví a abrirlo y seguí escribiendo, otro título y otro más. Lo guardé en el morral y salí para la rambla. Me desvié a la playa y lo volví a abrir, seguí escribiendo.

El deseo contenido jugó en contra de la amistad, llegué con mis amigos bastante más tarde, sin necesidad de muchas palabras entendieron enseguida lo que había pasado.


Thursday, October 09, 2008

El arte de cortar una naranja

Conflicto: dos fuerzas que se oponen.

Blanco vs. negro
Dios vs. Diablo
Él vs. Ella

Thursday, September 18, 2008

El árbol de la vida


Ana entraba al supermercado y compraba cuatro colet y cuatro alfajores: uno para ella, uno para mí, otro para Lucía y el último para Patricia (Lucía y Patricia no existían). La comida tenía un impacto fuerte en nosotras: cuando (éramos chicas) nos peleábamos, para arreglarnos después ella me pegaba en la cabeza y decía “zapallo”, yo, “sandía”.

Ella quería un hermanito, pero como los padres estaban separados, le compraba pañales y mamaderas a sus muñecos. Cuando creció pasó las ganas de tener el hermanito a tener un perrito. La casa de ella era chica, yo ya tenía dos en la mía; buscamos un lugar neutro: la playa, y nos fuimos a la “vieja de los perros” a buscar alguno sin dueño. Así tuvimos nuestra primera cachorrita: Princesa. Pero la devolvimos esa noche, porque tenía gusanos y no teníamos plata para comprarle las pastillas.

A Ana le gustaba La Usurpadora (la primera vez que la pasaron, aclaro) y Muñeca Brava. Entonces creó un personaje entre la estúpida de Paulina Martínez (Ana se hacía la dramática con sus gestos) y la audaz de Milagros (Ana se ponía el gorro para atrás y quería saludar de la misma forma: escupiendo). Hasta que llegó el verano, entonces volvió a ser Ana.

Recorríamos la ciudad en bicicleta, grabábamos casetes con nuestras (poco) armoniosas voces, hacíamos pijamas party con películas de terror que nunca mirábamos enteras. Discursos armados para pelearnos con nuestros primeros novios, llantos sinceros cuando ellos nos dejaron primero. Visitas al liceo, mateadas en la biblioteca.

Ana esperaba al amor de su vida con ansias. Entonces se enamoró perdidamente de éste y su sonrisa; después llegó aquel con sus palabras dulces; y cada vez que se peleaban era lo mismo: odio a los hombres, no sé para qué existen los hombres, yo puedo sola, no quiero a nadie, etc., etc., etc. Hasta que llegó el tercero y nunca tan bien ponderado hoy llamado "esposo". Cuando nació Gonzalo, Ana supo que nunca más iba a querer librarse de ese hombrecito.

Tuesday, September 09, 2008

Sobredosis






Yo casi llorando porque él nunca iba a salir de las drogas. Mi mamá sustituta y su amiga se miraron. Vi que sonrieron, pero tan sumida en mi desgracia no le di importancia y seguí haciendo puchero. “Mi marido es un ex drogadicto”, me dijo la amiga. Adiós a mi autocompasión. Hola, atención.
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Ella estaba por casarse. Era feliz con su futuro esposo que, por cierto, tenía una gran carrera profesional por delante. Su familia estaba encantada de que ella se hubiera olvidado del ballet, ¡Al fin había empezado a estudiar algo decente!

Entonces, cuando salieron de la prueba del vestido, su amiga la convenció de ir a tomar una copa a un bar. La amiga tenía que encontrase con un nuevo posible-algo y no se animaba a ir sola. Ella accedió, pero cuando llegó enseguida se plantó en la barra, sola.

Lo vio enseguida y no pudo quitarle los ojos de encima en el resto de la noche. Pensó que estaría esperando a alguien, porque miraba su reloj cada cinco minutos. Y luego tomaba. Pero no, él no esperaba a nadie. Ella se enteró cuando él, muy tranquilo, se acercó con su botella de cerveza.

Después de la primera pregunta ella dejó en claro que estaba comprometida y se preocupó especialmente en que él notara su sortija. Pero él siguió conversando, haciendo preguntas y respondiendo. Y resultó que a él le encantaba el ballet. No esperaba a nadie, miraba el reloj y tomaba porque tenía medido cuánto tiempo podía demorar en tomarse una cerveza. Así, en la primer conversación, él le confesó que era drogadicto y alcohólico, que toda su vida lo sería y que luchaba por mantenerse sobrio y en la Tierra todos los días.

Chau prometido, adiós alegría de la familia. La batalla comenzó dos semanas después cuando ella canceló la impresión de las tarjetas. Y una semana después de eso despachó a su novio. Retomó las clases de ballet. Se fue a vivir sola gracias a la poca comprensión de su madre.

Con novio nuevo, en la heladera sólo tenía agua y el botiquín de primeros auxilios guardaba la tarjeta del psiquiatra. Se casaron un año después, cuando ella se recibió de química. Su madre le regaló la función de una compañía de ballet que fue especialmente a Michigan para el casamiento.


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Siempre se puede un poco más, cuando se hace lo correcto se siente desde el fondo del pecho. Nada es imposible, mucho menos las cosas humanas, todo lo inventado por el hombre tiene los defectos humanos. Por mi hermana y sus quince años; por mi hermano y su vuelta al primer mundo.