Thursday, May 21, 2009

La buena nota


Todos queremos esos profesores que salen en las películas: de los que inyectan valor y sacan lo mejor de nosotros. Los necesitamos, de otra manera, no seguirían escribiendo sobre ellos. Pero también están los otros. Los que arrasan con las ilusiones, que le ponen punto final a los sueños y nos cortan las alas. Los sabelotodos convencidos de que conocen la verdad universal.

Me tocaron los dos tipos de profesores. Como buena ciclotímica, los dos que más influyeron en mí durante la facultad pertenecen uno a cada extremo. Lo malo de ver las dos caras de una moneda es que me tocó el lado positivo al principio y el que mata al final.

Amaya incrementó mi amor por la literatura. Logró pulir a la escritora miedosa y disléxico que tenía encerrada. No siempre con buenas notas, menos con buenas críticas, pero siempre y sin condición con simpatía, siempre con sus explicaciones de por qué esto y por qué aquello. Sus sabias palabras sobre cosas triviales me acompañarán por siempre: cantar a gritos y desafinando cuando se está cansada; baño de agua fría para los enojos; el amor es la única forma de salir de la mierda. Gracias a ella y a nadie más me tengo confianza con los textos: me gusta escribir, a prueba está este blog.

Él, en cambio, es ajeno al mundo. No le gusta que lo toquen, ni que lo contradigan y hay algunas preguntas que se vuelven incómodas. Es un tipo al que la soberbia le gana a la inteligencia. De los que saben mucho pero se hacen querer poco. Confunden respeto con imposición y el sentimiento de régimen fascista en su clase es general. Así y todo lo quería. Como profesor, se entiende. Discutía con quien hiciera falta por defenderlo, por demostrar que él tenía razón. Y la tenía. En cada corrección, en cada mala nota están reflejadas sus dos características: inteligencia y soberbia. Faltan las felicitaciones, las sonrisas, las palmadas en la espalda. A veces el extravío es tan grande que con sólo mirarlo me dan ganas de luchar por ser mejor. Otras necesito darle una buena cachetada. Nunca lo consigo, por supuesto. ¿Qué sentido tendría conseguir, al fin, un aliento de ánimo antes de fin de año? Cada vez que salgo de la clase me pregunto qué hago en esa materia, ¡por qué no dejo esa materia! Y antes de querer acordar me encuentro, otra vez, repitiéndome que no voy a dejar que este tipo decida sobre mi vida.

Será cierto que escribo horrible, será también que no valgo la pena. Pero la opinión egocéntrica y negativa de él cada vez cuenta menos.

3 comments:

★ July in the sky ★ said...

Siempre hay estos ¨dos tipos ¨ de profesores ...puff me pasó varias veces a lo largo de la carrera. Pero hacés bien en decidir que el ¨soberbio sabe-lo-todo¨ no decida sobre tu vida.
Son insoportables!!
Lo importante es tomar lo que a vos te sirva para crecer...
Besos

walrus said...

Wow! Recién ahora leo esto, qué pena.
Del tema ya hablamos un montón.
Ánimo, como decía Amaya, y a no olvidar que lo malo también pasa.
Ocho clases...ocho...

Emma said...

si... qué pena que solo sean ocho, porque me gusta enojarme con él.. habló la Emma masoquista-