Tuesday, October 17, 2006

Cantando bajo la ducha

Angelina Echeverría vivía en Colonia del Sacramento con sus padres y, los fines de semana, con su pesadilla: su hermano mayor, Luciano. Estaba en cuarto año del Colegio San Carlos, el mejor lugar de enseñanza primaria y secundaria de la ciudad y del departamento. Además, ella era la segunda de la clase: tenía un promedio de siete. Tomando en cuenta que el promedio de la clase era de cinco, ella era brillante.

La cantidad de pelo que tenía era asombrosa pero pocas veces se lo peinaba y nunca se lo ataba, por lo que no podía evitar que esa maraña castaña cayera sobre su cara, tapando sus bonitos ojos verdes. Además, estaba su ostentosa forma de vestir con sus diseños propios. No era fea, pero siempre se estaba buscando defectos, y el que busca, encuentra. Edad difícil, los quince años.

Entró a su casa dando un portazo, como de costumbre. Pero pese a las veces que habían tenido que arreglar esa puerta por las roturas que Angelina le ocasionaba con sus entradas y salidas, nadie le decía nada. Su enojo ese día se justificaba diciendo que era sábado: su hermano estaba en casa.

Lucianito era el más inteligente de sus amigos. Estaba estudiando Ciencias Económicas en Montevideo, el único de su barra que seguía estudiando. Así se jactaba su madre, claro que las frases que seguían iban dirigidas a Angelina: “¿Por qué no sos más parecida a Luciano?”, “Si no estudias no vas a llegar a nada, como los amigos de Luciano”, “Luciano siempre estudió solito, nunca le tuvimos que decir nada”, etc. Por otro lado, estaban las tías viejas y las amigas de las abuelas que, cada vez que la veían, le decían mientras le tomaban el mentón: “Es igualita a Luciano”.

Había algo especial en el aire ese día. No era el asqueroso olor al pollo al horno que le gustaba tanto a Lucianito (su madre lo preparaba con cariño todos los fines de semana, aún sabiendo que a Angelina no le gustaba). Era un perfume… ¿Rosas? A su madre le gustaban mucho las rosas, pero su padre estaba demasiado ocupado con su trabajo como para parar en una florería y comprar algunas. Podía ser Luciano, pero él debía de estar con sus amigos en la rambla, como de costumbre.

Mientras iba a la cocina, algo en el camino la detuvo. Dentro del baño había una persona cantando. La única que cantaba mientras se bañaba era su madre y eso era razón suficiente para estar fuera de la casa por un buen rato. Pero escuchaba el canturreo desafinado de la voz aguda de Josefina en la cocina.

Se quedó quieta mirando la puerta del baño sin saber qué hacer. Enseguida, se abrió y, con una toalla a la cintura, apareció Luciano, sonriendo de oreja a oreja y mostrando sus dientes blancos. Angelina no pudo evitar mirarlo con sorpresa. ¿Luciano cantaba?

– Hola, bonita –le dijo sonriendo, y siguió camino a su cuarto sin dejar de canturrear.

Cuando entró a la cocina sintió el pestilente olor del pollo horneándose. Todo gracias a Lucianito, que le gustaba tanto esa comida. Y pensar que una vez ella rompió el horno para evitar ese almuerzo: no duró mucho, pero disfrutó la variedad mientras la tuvo.

– Pensé que no ibas a venir a almorzar.
Josefina, su madre, sacaba las papas de la freidora. Ni siquiera fue capaz de mirarla.
– ¿Qué le pasa a Luciano? –preguntó ella sacando el jugo de naranja de la heladera.
– Dolores.
– No parece que le duela nada.
– La novia se llama Dolores. Estudia Derecho. Viene esta noche.

Al menos tendría alguien que la comprendería, pensó. Se equivocó. Esa noche llegó Dolores, la hermosa, inteligente, simpática y sin igual novia de su hermano, tan perfecta como él. Rubia y prolija desde el pelo lacio y rubio, hasta las medias blancas.

– Angelina, sentate en la mesa, por favor–. Cuando su padre daba una orden, ella la cumplía. Pero ya le había visto las medias.

Se sentó derecha y abrió sus piernas para ver sus propias medias. Una roja y la otra a rayas negra y naranja. La otra media roja estaba sucia. Pero, pasara lo que pasara, no iba a sentirse mal de sus pantalones: lo que alguna vez había sido un par de vaqueros oscuros, ahora estaba lleno de parches de todo tipo de telas, colores y texturas.

Ya no le prestaban más atención. Dolores estaba relatando con su prefecto español, pronunciando todas las s al final de cada palabra que la necesitara y sin omitir detalle, cómo era su excelente desempeño en la facultad de derecho. Era enfermizo: si con su hermano no le alcanzaba, ahora tenía a una cuñada en potencia que colmaría la capacidad de su paciencia.

– Angelina, tu hermano siempre habla de vos. He escuchado tantos cuentos
tuyos que ya creo que somos amigas –dijo Dolores con una pequeña sonrisa.

Insólito. Ser su amiga. Ese era un privilegio y sólo ella participaba de la elección, no cualquiera era su amigo. Y ella era una cualquiera. Definitivamente, Dolores jamás sería su amiga. Al menos, mientras estuviera saliendo con su hermano.

Se paró, miró a Dolores apretando los labios en gesto de insuficiencia y se fue. La rambla quedaba tan cerca que era la mejor opción, aún con el frío del invierno, cualquier lugar era mejor que su casa en ese momento (y en todos los momentos). Ya vería como evitaba las críticas de sus padres cuando volviera a su casa.

– No te cayó bien Dolores.
Angelina miró a su lado. Luciano estaba sentado junto a ella.
– Hace frío – dijo ella.
Luciano la abrazó sin dejar de mirar la isla que se perdía en el horizonte.

3 comments:

Publi Freak said...

muy lindo, me imagino a luciano, q lindo sería, jaja, me cambio el nombre a dolores y yo soy la novia, dale, jaja.

Salú!

EL PRESO CRÁTICO said...

divino, emma. genial. valió la pena leer todo eso. es el final más tierno del mundo. me encantó.
existe esa mina, o sos vos, o es quién?
beso grande y brindo por más cosas como esta en tu blog.
beso
PD: publi, tas re alzada.

Emma said...

Gracias publi y preso.
Aclarando dudas para vos (preso) y para todos los valientes que se atrevan a leer estas 2 carillas, sí, damas y caballeros, SOLO SON 2 CARILLAS.
Angelina (por ANGEL) no soy yo. Es un personaje que inventé cuando yo tenía 15 años, ahora estoy por cumplir 20, pero a ella solo la hice cumplir 16. Lo que pasa es que a medida que vas creciendo hay temas que dejan de ser trasendentales en la vida, temas que a los 15 años son los más importantes de todos.
Ella tiene un hermano mayor (Luciano, por Lucifer) y ella lo ve perfecto, pero porque lo quiere, como toda hermana menor. yo siempre quise tener un hermano mayor que fuera re cuida conmigo. Claro que siendo yo la mayor, era algo complicado, entonces se lo hice a Angelina.
Yo la adoro, ella es inteligente y si bien le importa mucho lo que la gente piensa sobre ella (de ahí su forma de ser y de vestir) vive a su manera tratando de no ser una adolesente normal, pero no pudiendo evitar tener esos problemas que todas tienen.

Para que no digan que soy feminista, hay hombres en la barra también. Preso, si te interesa te cuento más.