
Friday, July 31, 2009
Resacas de noche en vela

Wednesday, July 15, 2009
Dumbo
Hacía calor. Mucho calor. Pero era el día X y el resto no importaba. Dumbo y su dueña llegaron puntuales al lugar de encuentro: a treinta cuadras de mi casa, que las tuve que caminar, porque ningún taxi acepta invitados caninos. Paso a paso con un perro que nunca había visto un semáforo y marcaba terreno en cada árbol y columna que veía. Después, otra vez las treinta cuadras de ida hasta la locación. Lo conseguí gracias a la prima de la prima de una prima que fue muy amable al confiarnos al perro de su hijo a mí y en el resto del equipo.
a
Dumbo es un basset hound, un perro pesado y haragán, que le cuelgan las orejas y lleva el hocico siempre contra el piso. No ve más allá de sus narices, tal vez por eso dejaba su rastro en cada arbolito del camino. Y en la pared de la casa de Nanda, donde íbamos a rodar el cortometraje. Pero fue la única vez, después siempre pidió: olía la puerta, metía el hocico en el ascensor o se ponía a correr como loco. Era bastante divertido verlo correr, porque se tropezaba con las orejas.
a
Buscando m&m recorrimos todo un barrio de Montevideo. Mi amiga y yo nos turnábamos la correa. Esa correa que se soltó en pleno 18 de julio y casi termina en tragedia. Pero los reflejos de Magu son gigantes. De a ratos cinchábamos las dos juntas para mover al perro de los postes y sonreíamos cuando los peatones paraban para decirnos ¡Qué hermoso perro! Sí, un hermoso perro cansado de tanto caminar y que necesitaba agua para seguir marcando su mundo.
a
Su papel era sencillo: tenía que poner cara de aburrido y hambriento, quedarse quieto y comerse a un pollo. Lo del pollo lo arreglamos con efectos y cortes, pero en su lugar comió varias papas fritas y mucho chocolate. Pasó de mano en mano, entre los directores, las actrices, las chicas de arte y las mías. Todos hacíamos lo que estaba en nuestro alcance para meter al perro en su personaje. Con más o con menos éxito, logramos que pusiera cara de pena y cara de contento.
a
Dumbo consiguió su cometido. Al final del día consiguió entrar en el alma de un actor famoso y se puso gruñón. Salió fotogénico, con algunos errores de continuidad y comió mucho durante todo el día: comida para perros, nada; chocolates, muchos.
Thursday, July 02, 2009
Wednesday, June 10, 2009
Crisis otra vez
Tuesday, June 09, 2009
Sobre la política
Sobre la izquierda
Se denomina izquierda porque los que se identificaban con estos ideales estaban sentados a la izquierda en el parlamento de
Además, en un momento fuimos todos iguales. Al principio de la historia ningún hombre o “pre-hombre” tenía nada. Y, básicamente, la monarquía en su primera instancia se basaba en el respeto y en que cada cual haga lo que le toca, sin embargo, hoy es muy criticado. No era perfecto, por supuesto, pero nada de lo que haga el hombre puede serlo, porque el hombre es un ser imperfecto. Algunas cosas se pueden acercar o alejar a esa perfección, pero nada más.
Sobre la monarquía
Entonces, la monarquía en su primer momento con sus 3 estados: el clero, no podía faltar. La nobleza lo que hacía era defender su territorio. Cada noble tenía algo a su cuidado, por ejemplo, los marqueses dividían territorios. Ellos eran los que peleaban en las guerras y defendían a sus siervos. Ese Tercer estado gozaba de la seguridad del noble, la cual pagaba con trabajo.
Mentira que no se podía cambiar de clase social. Era difícil, mucho más difícil que hoy. Un siervo no podía ser noble. Pero su hijo podía ser caballero, si era uno muy bueno incluso podía ser nombrado “baronet” y comenzar a integrar la nobleza, porque ese es un título heredable, el más bajo, pero nobiliario al fin.

Sobre las revoluciones
Lo del Rey como colocado por Dios fueron locuras de Luis XIV que a muchos se les dio por seguir. Y así terminaron: en revolución. Todo lo que la monarquía había conseguido en XVIII siglos, desapareció en uno. Con Madame le guillotine de la mano, los ciudadanos hicieron correr a todos los perfumados franceses a Inglaterra. Los que conservaban la cabeza.
Sobre
Pueden agradecerle los rusos a Catalina II todo su territorio. Después vengan los machistas a dar perorata: ella conquistó con tratados y guerras más que cualquier otro Zar antes. Y ni siquiera era rusa de nacimiento.
Ahora, la revolución rusa me encanta. Al igual que la francesa. No me hallo en el pensamiento político de ninguna de las dos. Sin embargo, la cantidad de sangre derramada en la francesa capta mi atención. Y la rusa me encanta porque me sorprende de qué forma estas personas fueron capaces de salir de algo malo para meterse en algo peor (
Las dos revoluciones comenzaron de la misma forma: con la banca rota. En una se culpa a María Antonieta, en la otra a Alexandra. ¿Será o la historia estaba escrita por hombres? Desde tiempos ancestrales las mujeres nos quedamos con la peor parte: Pandora abre la caja que trae todos los males al mundo y Eva tienta a Adán para que pruebe la manzana.
Una terminó con Lenin y su plan para el desarrollo. Luego dos más, luego Stalin que llevó a

Sobre el Imperio donde nunca se pone el sol
A todo esto, me gustaría resaltar la inteligencia de Su majestad Inglaterra. Los puntuales, astutos y traicioner
os ingleses que gobernaron la mitad del mundo hasta que su hijo, Estados Unidos, lo destronó. Gobernaron el mundo con perfil bajo. Después de todo, cuando se nombra a los locos que trataron de conquistar el mundo, los que se llevan el genérico son: Hitler (primero porque lo intentó hace menos tiempo) y Napoleón. Alejandro Magno y Julio César no se cuenta porque a esta altura son grandes héroes de la historia antigua. Sin embargo, Inglaterra, jugando de callado, se ganó al mundo. Un ejemplo claro es que gracias a ellos debemos nuestra independencia: un país pequeño, insignificante para la historia de esta potencia ganó su nombre gracias a los intereses económicos de Inglaterra.
¿Todos contentos? Por supuesto que no. Qué mundo tan aburrido tendríamos si todos estuviéramos de acuerdo.
Friday, June 05, 2009
Los fines de semana
Ropa de dormir, un rodete apurado y pantuflas. A un costado están las mil tazas con restos de café que fui acumulando desde el día anterior. Y mis dedos que se mueven sobre el teclado. A veces se detienen, piensan un poco y continúan.
a
Qué lindos son los fines de semana sin despertador ni apuro. A veces caigo con los arrolladitos primavera de la feria, otras sólo me alimento a café y galletitas.
a
Están aquellos “móviles” que empiezan los jueves en un boliche, los vienes en otros, los sábados no se pueden quedar quietos y los domingos, destruida. También existen los “quietos” donde se duerme hasta el mediodía los dos días y como conclusión lógica, se pasa con sueño el resto del día.
a
Pero también existen los del tercer tipo. A mi entender (y tal vez sea sólo a mi entender) los mejores. Son aquellos en los que, aunque no ponga despertador, una idea me saca de la cama y me sienta en la computadora. Cuando me paso todo el día desarrollando historias, creando mundos. Me tranco con mis propias palabras y no encuentro solución.
a
Entonces mis amigos me llaman y después de decirme unas cuantas cosas porque preferí quedarme encerrada, me invitan a salir. Y vamos a tomar mate por ahí, tranquilos, a conversar de temas nada importantes. A alguno se le ocurre juntarnos a cenar. Entonces vuelvo a casa de madrugada, con la cabeza llena de ideas vírgenes y jugosas que desean llegar a la hoja para decorar mis páginas con imágenes.
a
Cuando ellos entienden que si me quedo mirando a la nada me tienen que sacudir un poco para que vuelva al mundo real y no pierden más tiempo que ese en regañarme. Cuando leen las cosas que escribo y lloran, echan al resto de las personas la computadora o entran en ataques histéricos para que los dejen terminar de leer tranquilos.
a
Los mejores y peores jueces son las personas que nos quieren y queremos. Con los que compartimos historias que influyen en las que se ponen en el papel. Los que tachan con tinta roja y dicen que no valen la pena y también los que le dan un beso con labial.
Monday, May 25, 2009
Las ideas y las palabras pueden cambiar al mundo
La sociedad de los poetas muertos.
Los de comunicación somos la risa de las otras facultades: los que miramos películas, los que tenemos que grabar en radio, los que escribimos todo el tiempo. A nosotros nadie nos toma en serio, nos distinguen por la ropa: ¿no usa pantalón de vestir? ¡Comunicación! ¿Tiene un gorro de lana? ¡Comunicación!Pero la verdad es que somos los únicos que reímos todo el tiempo. Nada más hay que entrar en la cafetería en plenos parciales para darse cuenta (más allá de los pantalones de vestir) que somos los de comunicación. No tiene nada que ver con la (supuesta) falta de exigencia, porque, puedo asegurar, que no es así. He pasado hasta tres noches seguidas en vela haciendo trabajos para entregar y estudiar para un parcial me consume días enteros. Supongo que lo de las risas en la cafetería tiene que ver con un tema de gusto: el que estudia comunicación lo hace porque le gusta.
Algunos quieren buscar la verdad, otros inventar un mundo mejor, algunos locos piensan en cómo vender más productos innecesario y también están los que siguen a los políticos a diestras y siniestras. Si bien a todos nos gustaría que se nos prendiera la lamparita y llegara una idea genial que nos haga millonarios, si estudiamos comunicación es porque no nos motiva el dinero. Amamos lo que estudiamos, por eso sonreímos.
No importan las 14 películas que me tuve que ver en dos días ni las noches en vela ni las pasantías mal pagadas. Por eso también es que cuando llega un tipo y nos cuenta que su único incentivo para poner una empresa de cultura fue hacer plata, todos nosotros rechinamos los dientes. Sabemos que lo fundamental en la empresa es la rentabilidad, pero tiene que haber algo más profundo, decimos.
Es cierto que el mundo no necesita sobre poblarse de comunicadores mal pagados, con ideas locas, muchas poco realizables y ciclotimia. Somos pocos, pero tenemos que ser buenos. ¿Por qué? Bueno, ¿Qué hace el abogado cuando sale del escritorio? ¿O el contador cuando cierra la oficina? ¿A dónde llevan las madres a los niños los fines de semana largos? Van al cine, prenden la tv, leen un diario, un libro. Deciden el voto, compran una marca o la otra. Los contadores, médicos y abogados tendrían que agradecernos la libertad de sus momentos libres. Es gracias a nosotros que logran realmente salir de la oficina, fumarse un pucho (de tal o cual marca), tomarse una copa (de tal o cual cava).
Pero nosotros no exigimos nada, porque, en realidad, no lo hacemos por ellos: lo hacemos por nosotros, porque nos gusta, nos divierte y nos deja vivir. Así que, futuros ingenieros y contadores: ríanse de mí al menos yo soy feliz con los parciales.
a
a
Especialmente dedicado a mi prima postiza y a mi hermano menor. Con cariño, sí, y por todas las horas del verano que me quemaron la cabeza en lugar de dejarme leer tranquila "GUIÓN", de Robert McKee. Los quiero.
Thursday, May 21, 2009
La buena nota
Me tocaron los dos tipos de profesores. Como buena ciclotímica, los dos que más influyeron en mí durante la facultad pertenecen uno a cada extremo. Lo malo de ver las dos caras de una moneda es que me tocó el lado positivo al principio y el que mata al final.
Amaya incrementó mi amor por la literatura. Logró pulir a la escritora miedosa y disléxico que tenía encerrada. No siempre con buenas notas, menos con buenas críticas, pero siempre y sin condición con simpatía, siempre con sus explicaciones de por qué esto y por qué aquello. Sus sabias palabras sobre cosas triviales me acompañarán por siempre: cantar a gritos y desafinando cuando se está cansada; baño de agua fría para los enojos; el amor es la única forma de salir de la mierda. Gracias a ella y a nadie más me tengo confianza con los textos: me gusta escribir, a prueba está este blog.
Él, en cambio, es ajeno al mundo. No le gusta que lo toquen, ni que lo contradigan y hay algunas preguntas que se vuelven incómodas. Es un tipo al que la soberbia le gana a la inteligencia. De los que saben mucho pero se hacen querer poco. Confunden respeto con imposición y el sentimiento de régimen fascista en su clase es general. Así y todo lo quería. Como profesor, se entiende. Discutía con quien hiciera falta por defenderlo, por demostrar que él tenía razón. Y la tenía. En cada corrección, en cada mala nota están reflejadas sus dos características: inteligencia y soberbia. Faltan las felicitaciones, las sonrisas, las palmadas en la espalda. A veces el extravío es tan grande que con sólo mirarlo me dan ganas de luchar por ser mejor. Otras necesito darle una buena cachetada. Nunca lo consigo, por supuesto. ¿Qué sentido tendría conseguir, al fin, un aliento de ánimo antes de fin de año? Cada vez que salgo de la clase me pregunto qué hago en esa materia, ¡por qué no dejo esa materia! Y antes de querer acordar me encuentro, otra vez, repitiéndome que no voy a dejar que este tipo decida sobre mi vida.
Será cierto que escribo horrible, será también que no valgo la pena. Pero la opinión egocéntrica y negativa de él cada vez cuenta menos.
Tuesday, May 19, 2009
Tareas poco productivas

Pero hay veces que es diferente. No pierdo el tiempo, sino que lo invierto. Miro películas, canto (horrible) con Judy Garland y dejo que Greta Garbo me haga llorar. Los libros buenos (y otros que no lo son tanto) me atrapan, me llevan a otro mundo. Camino por la muralla China con Kapuscinski, difiero como Bruno y Michel, y espero, paciente, como Ann Elliot.
El mundo pasa y yo lo analizo debajo de mi frazada. Analizo demasiado, quizás. Cuando no consigo las respuestas, las invento y surge una nueva historia. Otra manera de asustar a mis amigos, otra razón para saber que mi cabeza está en las nubes, que lucho por dejar los pies en la tierra.
Es difícil dejarse volar cuando al lado hay personas enterradas. No está bueno ser una soñadora cuando la física demuestra la posibilidad o imposibilidad de las cosas. Tal vez sea cierto que la matemática lo prueba todo, pero no necesito todas las respuestas, sino ¿qué espacio queda para la imaginación? ¿Dónde entra la mentira?
Monday, April 27, 2009
Caótica
Me gusta coleccionar películas, conocer directores nuevos, de esos que no entiendo. Me gusta aparecer en el video club y pedir títulos extraños, tratar de juntar valor para ver películas francesas. Juntarme con mis amigas a pasar horas hablando de cosas sin sentido en lugar de cumplir con el seminario. Me gusta el cine, desde el mudo hasta el 3D. Y todo lo que eso significa. Me gusta el arte, pero no creo en la anarquía.
Me gusta escribir, aunque sea caótica y algunos piensen que necesito más talleres de escritura. Me gusta leer, pero no en voz alta.
Me gusta hablar de él. Pensar en él. Soñar sin él. Me gusta que mis amigas hablen mal de él. Pelearme por él. Saber que puedo vivir sin él. Me gusta ser yo, aunque no sé muy bien como soy.
Me gusta discutir con un profesor, saber que no le puedo ganar pero que lo intento.
Thursday, March 05, 2009
Saturday, January 31, 2009
Complicaciones

Odio a la gente que sonríe. Y a los enamorados abrazados. Los días lindos de verano, la sequía, el calor, el ocio. Me molesta su ausencia. Sus mensajes de disculpa, su voz con sarna y su sonrisa inocente. Odio estar con gente y sentirme sola, pensar que vale la pena luchar por cosas imposibles.
Por las cosas imposibles es por las que vale la pena luchar, me dice.
Sí. Cuando me convenzo de que hay que seguir al corazón y no a la cabeza, cuando sigo a todas las canciones que claman por la libertad, cuando decido que la vida es suficientemente aburrida para que yo no haga nada para evitarlo.
Mi vida no es aburrida, me dice.
La mía tampoco. Pero porque logro evitarlo. Porque tengo amigos, tengo familia. También tengo su ausencia, sus cuentos despreocupados al pedir disculpas, su impermeabilidad. A mí me decían roquita: nada te afecta. Ay, todo afecta a las rocas. Hasta que él me dijo: “los artistas sienten más”.
Pero lo echaste, me recuerda.
Porque no quería sentir por él. Perder el tiempo no está en mi. El camino está lleno de roquitas que se dejan modificar por la naturaleza. La naturaleza es sabia, yo no.
Friday, December 19, 2008
Vicios III

Tuesday, December 16, 2008
Friday, December 05, 2008
Eli Wallach
Unas líneas de la película El descanso (2006) hicieron que empatizara más con la mitad de la historia donde no estaba Jude Law (en Blondie de esta historia), sino con la de la inglesa experta en amores no correspondidos y el guionista retirado. “En las películas tenemos a la ‘primera dama’ y a la ‘mejor amiga’. Tu, yo te lo puedo decir, eres una primera dama, sin embargo siempre te comportas como una mejor amiga”.
Tuesday, December 02, 2008
De estudiantes
Friday, November 28, 2008
Cuestión de generaciones

Tuesday, November 11, 2008
Luz, cámara

Quince horas parada atrás de una cámara, mirando por la pantalla, dando indicaciones de más calor, menos intensidad, no me gusta. Ella, nuestra invitada de honor, corriendo para todos lados, armando y buscando para complacerme. Él, nuestro invitado de honor, se sentaba y miraba la transición. Me retó cada vez que fue necesaria y yo se lo agradecí. Al primer momento decidí dejar las cosas claras. Se paró al lado mío y me dijo una frase incomprensible, pero en español. “Mira, lo único que yo sé de cine es guión”, le dije. Sonrió –no sin dolor, por cierto, al comprender en dónde se había metido– y me volvió a explicar.
Afuera la fiesta: comida, risas y charlas. Adentro, también: luz, cámara, acción. Error, corten, rec. Pasa perro ladrando. Corten. Rec. Pasa camión de supergas. Corten. Rec. Error en diálogos. Corten. Rec. Entró micrófono. “¿Entró el micrófono o cambiaste el plano?”, pregunta. “Cambié el plano. Dije ‘entró el micrófono’, no de quién fue la culpa”.
Corten. “¡De ahora en más los únicos que pueden decir Corten somos María y yo!, ¿Te queda claro?”. Se va casi corriendo. Entonces llega ella, que con toda la ilusión de su mundo me pide que no me estrese. No lo hago, al contrario, ya extrañaba esos gritos.
Wednesday, October 22, 2008
Pasantía go home
-¿El otro sereno qué días está? –pregunté. Mi madre no tiene razón cada vez que dice que con una sonrisa se consigue el mundo. O tal vez es mi sonrisa.
- Hoy no viene, los miércoles estoy yo –me di cuenta que hoy no iba, con sólo vero a él, igual. Así que los miércoles es el día de gruñón. Cuando me fui le agradecí por su paciencia (sin ironía, lo juro) –Pero mire, señorita, que no puede haber una próxima vez.
- No se preocupe, no va a haber una “próxima vez” un miércoles.
Me fui sonriendo a atravesar el Parque de los Aliados a las once de la noche.
41 videitos en dos días. Soy feliz.
Wednesday, October 15, 2008
Cuaderno del terror

La primera vez duró un mes. Fue el tiempo entre que terminé un cuaderno que había empezado en segundo de liceo (ese año estaba en mitad de sexto) y mi hermana me dio a elegir: o uno de Mambrú (de Pop Stara, Argentina) o uno de Minnie Mouse. La decisión no fue tan complicada y me adueñé de la ratona de Disney. Entre medio yo deliraba por complicaciones inventadas con Fico, persona con la que sólo compartía horas. Diferentes ideales, diferentes expectativas de la vida, misma clase, mismos grupos de teatro: de mañana yo lo mataba, de noche él me dejaba. Y el estrés del asunto me empezó a gustar. Yo y mis complicaciones le agradecieron al carácter pesado de mi hermana que me sentó y no me dejó ir hasta que no elegí a Minnie.
La segunda vez fue un poco más larga. En medio de un lugar extraño se me dio por empezar a escribir un guión. No tenía idea de cómo se había, pero probaba suerte. La historia estaba buena, hablaba de amor y reencuentro, ¿Qué más quería yo, del otro lado del mundo, que volver a verlo a él? Creo que desde ese momento perdí el espíritu romántico. Volcando emociones por ese lado, dejé mi diario.
Hasta que el arte me invadió los sentidos (ay, qué cursi). Pero fue literal: en un museo de arte. Entre tantos cuadros, muebles y esculturas tuve que sentarme tranquila para pensar. Entrar a la cafetería no ayudó, había gente. Gente por todos lados, haciendo cola, comiendo, hablando. Había barullo, había… bueno, había gente. En un rincón perdido del museo estaba la extensión del paraíso. Chiquito, el techo era una cúpula de vidrio, había algunas plantas, las mesas de hierro y el quiosco con cualquier tipo de café. Ideas sobre mi vida y mi vuelta comenzaron a fluir. Escribir con pluma y en un cuaderno que tiene un dibujo chino también inspira.
La tercera vez fue un año. Cuando empecé la facultad me dije que estaba grande para los diarios íntimos. Una amiga (ex amiga) me ayudó a decidirme: cada vez que hacía un comentario al respecto me miraba con cara de tarada. Así que me compré una agenda para afrontar el año y nada más. No pensaba ceder bajo ningún tipo de necesidad. Terminé escribiendo en cualquier hoja de cuadernola (que después perdí y me quise matar) o haciendo documentos largísimos en la computadora. Tanto “nada más” que cuando terminó el año y volví a la casa de mis padres empecé a pelearme con todo el mundo, a enojarme conmigo. Corrí (a toda velocidad) a una librería. Me encerré en mi cuarto y comencé a escribir un discurso de inauguración, ¿Por qué? No sé, porque se me ocurrió. Y cuando lo terminé comencé a dar vueltas sobre mí misma. Volví a abrirlo y seguí escribiendo, otro título y otro más. Lo guardé en el morral y salí para la rambla. Me desvié a la playa y lo volví a abrir, seguí escribiendo.
El deseo contenido jugó en contra de la amistad, llegué con mis amigos bastante más tarde, sin necesidad de muchas palabras entendieron enseguida lo que había pasado.



