Hay domingos que son tristes. Una cuenta regresiva a volver. Volver al despertador, a los horarios, a la agenda. Pero este no es un post triste. Es un viaje. Un viaje que va desde mi casa hasta la agencia de ómnibus con mi madre (siempre con mi madre). Un viaje desde la agencia hasta la radial. Y después otro desde la agencia hasta la Terminal en Montevideo. Pero ese viene más adelante.
Quedo parada cruzando las últimas palabras con mi madre. A veces va mi hermana. Y el circo empieza la función.
La rubia que va a la misma universidad que yo aparece con ambos padres, con todo su glamour, sacudiendo los claritos y el bolso Puma. Nos saludamos. También aparece el doctor que tuvo la precaución de esperar a ver si realmente era apendicitis los que tenía –no era –con su hija y el novio. Ese novio era amigo mío pero ahora ya no nos saludamos. También llega esa nena que para que todos tengan un decir se arruinó el año empezando el liceo en Montevideo. Con tristeza se acerca, compra el ticket y abraza a su mamá. Esa es una historia conocida y todos los años alguno cae.
22:15. Un beso, chau y todos arriba. Despedida con la manito hasta que dobla la esquina. Los niños suben, todos los padres comienzan a conversar entre ellos.
Quedo parada cruzando las últimas palabras con mi madre. A veces va mi hermana. Y el circo empieza la función.
La rubia que va a la misma universidad que yo aparece con ambos padres, con todo su glamour, sacudiendo los claritos y el bolso Puma. Nos saludamos. También aparece el doctor que tuvo la precaución de esperar a ver si realmente era apendicitis los que tenía –no era –con su hija y el novio. Ese novio era amigo mío pero ahora ya no nos saludamos. También llega esa nena que para que todos tengan un decir se arruinó el año empezando el liceo en Montevideo. Con tristeza se acerca, compra el ticket y abraza a su mamá. Esa es una historia conocida y todos los años alguno cae.

En la última parada sube su amigo, el del jeep con el que nunca nos quedamos callados. Vamos hasta la radial en excursión, cada cual hablando de lo suyo y todos hablando de todos. Pero después la cosa es diferente, subimos al siguiente ómnibus y no se oye ninguna voz.
Dulces sueños hasta Tres cruces.
Dulces sueños hasta Tres cruces.