
Verano. No por el calor, pero por la actividad es la época del año más deseada. En este momento espero que marzo no llegue nunca. Rambla, náutico, playa. Viejos amigos, nuevos amigos y gente que no conocemos pero que tratamos como amigos.
Si tuviera que elegir una profesión me gustaría ser ladrona. Una buena, no como los dos planchas que cruzamos en la feria de la fiesta el otro día. Uno le dijo al otro: “Acá para robar es horrible, hay que andar con cuatro ojos”. Fue profundo.
Un lugar que quiero visitar antes de que caduque mi tiempo de vida o expire mi vida acá es un bulo. No requiero servicios, gracias, pero quiero saber como son, como funcionan. También quería hacer un fogón en la playa y cuando convencí a mis amigos, cayó un marinero que con mucha sutileza dijo: “Supongo que no van a prender fuego”. “Noooo” dijimos. Y justo pasó uno de los guises con leña y preguntando quién tenía un encendedor.
Siempre dije a mi primer auto me lo iba a comprar yo. Pero cada vez que tengo algo de plata la reviento en otra cosa en lugar de guardarla. Creo que una buena compra sería el jeep del Sr. Jeep que tiene un hermoso cartel de se vende (el jeep no el señor). Tal vez, si le doy bastante VAT antes, acepta vendérmelo por todo lo que tengo en el monedero: tres pesos, un ondulín y una foto de mis hermanos.
Las mejores predicciones que he hecho han sido en los días calurosos, secos y sin una gota de aire: se viene tormenta. Y la mejor forma de romper mi cámara fue tratando de sacar una foto en esa tormenta.
Emma.