Los últimos días de diciembre del año pasado junté a un par de amigos en la cocina de Hernán y comenzamos a filmar. El presupuesto era bajo (por no decir nulo): cien pesos que se fueron cuando compramos cuatro pilas para la cámara de fotos y un par de chicles. Encima las fotos salieron fuera de foco.
Pero una vez que lo vi terminado me di cuenta de que todo esfuerzo valió la pena. Cada vez que repetía la línea o me ponía un buzo con el aire a casi cuarenta grados de temperatura, cada vez que hice correr a Soledad y cada grito que pegó el bebe (Máximo). Todo valió la pena. Incluso toda la gente que nos miraba como si estuviéramos locos cuando nos veía pasar con la cámara y a los gritos.
Emma.
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Gracias Lucas, Mónica y Agustina por permitir que Máximo llegara a nuestras garras. Lujan, Hernán, Rocío, Josefina, Cata, Sol, Cindy, Luciana, Juliana, Pemi, Guille, Uri (aunque todavía no sepas que estás en el corto).
