
Me acordé de Bridget Jones. Ante la misma pregunta, su mente recordó el libro sobre la mesa de luz: Las mujeres de Venus, los hombres de Marte (más o menos). De la nada tuvo que sacar un libro respetable para no quedar como una tonta frente a sus colegas.
En el sentido inverso me vi yo. Con toda la intención de parecer aún más estúpida de lo que suelo ser ya no hay lugar para el intelecto. Libros como Las seis esposas de Enrique VIII o El Danubio quedan recluídos a las lecturas nocturnas secretas y al segundo cajón de mi mesa de luz. Películas dirigidas por Billy Wilder, por el simple hecho de estar en blanco y negro, son recluidas a las tardes en soledad. Si menciono que Marilyn Monroe actuó en varias de las películas de Wilder es un punto para el director y tal vez la película amerita ser vista. Pero son varios puntos menos para mi, que sabía ese detalle.
¿Qué estás leyendo?, me pregunta. Mi cabeza gira y gira. Tengo amplio material de novelas románticas chatarra como para tirarle un nombre al mejor estilo “Róbame el corazón”, pero la vergüenza superaría la palabra. También conozco a Sherlock Holmes, a Hércules Poirot, al padre Brown y a (mi favorito) Arsenio Lupin. Nombres que para esta persona no significan nada.
Sacudo la cabeza despacio y decido no arriesgarme: “ahora no leo nada”, respondo.
¿Por qué me empeño en conocer personas con las que es imposible que pueda ser tan estúpida como me gustaría ser? En cambio, tengo que ser una estúpida de las que no me caen bien.